<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345</id><updated>2011-09-08T23:56:54.377-07:00</updated><title type='text'>RELATOS DE LOS SERES SIN REMEDIO</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-44148979472994950</id><published>2011-09-01T06:55:00.001-07:00</published><updated>2011-09-01T06:55:36.702-07:00</updated><title type='text'>La razón de las estatuas</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #fafcfc; color: #333333; font-size: 18px; line-height: 23px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Jesucristo parpadeó, sus ojos de yeso pintados con acrílico caoba se movieron en las órbitas y observaron a la concurrencia. Gradualmente, como si les hubieran inyectado un extraño suero, adquirieron un fulgor viscoso y oscuro, y las pupilas se dilataron hasta convertirse en dos espejos negros. El Redentor gesticuló y probó los músculos del rostro, un desfile de muecas que cubrieron todo el espectro de las emociones humanas. Al final, se quedó con una ancha sonrisa que recordaba a la famosa foto de Charles Manson en manos de la justicia. La saliva se descolgó de su labio inferior y descendió en perfecta línea recta hasta la alfombra roja del altar, donde el sacerdote salmodiaba a sus fieles enfrascado en el ritmo de sus propias palabras.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Era la tarde de un viernes de un día perfectamente normal y nadie se percató del Cristo articulado hasta que un monaguillo aburrido decidió investigar que era lo que resoplaba a sus espaldas. Lo que vio no logró traducirlo a ningún lenguaje o protolenguaje conocido. Como si le hubiera dado un aneurisma, se quedó balbuceando y gruñendo hasta que la estatua se acercó y le aplastó el cráneo de un puñetazo. Un segundo antes de que se desatara el caos, en la primera fila, la señora Da Silva había estado rogándole a Jesús que eliminara de la faz de la tierra a su nuera; Carmencita De la Cruz Da Silva, criatura indigna y aborrecible por donde se la mirase y que ostentaba el dudoso tupé de haberse floreado con media ciudad de Río de Janeiro antes de clavar las garras en su único hijo, que por otro lado no era un santo pero que tampoco se merecía a una bruja como aquélla. Por estos motivos y por otros menos convincentes, la señora Da Silva argumentaba hecha una furia y pedía una muerte rápida y eficaz para su nuera sin quitar los ojos del Nazareno. Fue por eso que se convirtió en la primera espectadora del prodigio, cuando el Cristo se descolgó de la cruz y caminó tambaleándose como un zombie por el altar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Aquella proeza no pasó desapercibida para nadie y enseguida se oyeron voces histéricas aclamando que era un milagro y otras que decían que no, que no lo era en absoluto. A esos gritos, la señora Da Silva tuvo que sumar los propios, retractándose de haber albergado tan pecaminosos pensamientos, pero el Cristo fue indiferente a la cacofonía general y atacó al monaguillo sin miramientos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Fue un golpe demoledor, el pobre muchacho salió despedido como un muñeco de prueba y cayó muerto junto a la primera fila de bancos. Precisamente junto a los pies del juez Milton Dos Santos Del Rey. Dicho juez era una eminencia en el lugar pero también era un anciano de más de ochenta años, con problemas cardíacos. Por lo que no pudo evitar que la ofrenda que salpicaba sus finos zapatos de gamuza le provocara un temblequeo infantil en el mentón y mucho menos que la vieja pasa de higo se le detuviera en seco a modo de protesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El Cristo vociferó un sonido que retumbó en el interior de la nave como el llanto de una ballena herida; su ex rebaño respondió con un griterío aterrado, pero humano.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El sacerdote se llamaba Oscar Nascimento Truncado y hasta ese momento no había atinado a nada que no fuera sobarse su barba de chivo y perder el control de la vejiga. Pero a último momento se interpuso, con pasmosa sorpresa, entre la estatua y la concurrencia. La figura se detuvo ante él y lo miró con ojos inexpresivos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¡Vuelve al pozo de azufre, bestia inmunda! ¡No eres digna de mancillar esta imagen! —dijo el sacerdote, insuflándose valor.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Jesucristo acercó su enorme rostro hasta que la nariz aguileña del cura quedó a dos centímetros de la suya y, como si fuera la cosa más natural del mundo, comenzó a olfatearlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—Vuelve a tus dominios, en nombre de… Dios —susurró el sacerdote.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Recibió una dentellada en plena cara y fue sacudido como la presa de un animal salvaje hasta que la carne se despegó de sus huesos con un ruido de succión. Se sintió suspendido, flotando en una mezcla de horror y éxtasis, luego su espinazo se quebró en tres partes contra un banco de madera. Sus pocos minutos finales los dedicó a morir miserablemente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Mientras la señora Da Silva al igual que otros concurrentes avanzaban en tropel hacia la salida, el Cristo arrastró el cuerpo del juez Milton Dos Santos del Rey y comenzó a utilizarlo para aporrear a los más rezagados. Un hombrecito de anteojos y bigote intentó esquivarlo y recibió una tremenda patada en el estómago. Por encima del pandemonium, el Cristo lanzó otro llanto de ballena. Un sonido tan grotesco que paralizó a los más débiles. Era la antítesis perfecta del pastor y sus ovejas, un flautista de Hamelín demencial que hacía que las ratas se llevaran las manos a los oídos y pugnaran contra un terror que volvía la sangre espesa como la brea. Cerca de la puerta, el gentío se había convertido en un desesperado nudo de brazos y piernas. El Cristo se deshizo del cuerpo y de tres zancadas alcanzó al último grupo, comenzó a morder y a golpear a cuantas personas pudo, entregado a un frenesí salvaje y sin tregua.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Joâo Gabriel Barbosa y María Belifonte practicaban capoeira en la plaza central justo enfrente de la iglesia de San Bautista. A sus pies había un sombrero de raso con unos pocos reales, gentileza de unos turistas alemanes y alguno que otro paisano generoso. En líneas generales, el día había sido bastante malo y Joâo y María habían discutido por una serie de tonterías, aunque eso no era un impedimento para que continuaran demostrando sus habilidades. Además, Joâo tenía en su bolsillo un regalo que ablandaría los caprichos de su novia. De eso estaba seguro. Estaban tan concentrados en su arte que no percibieron a la muchedumbre huyendo del templo, hasta que alguien pasó muy cerca de ellos y lanzó una exclamación para luego caer sobre el césped con la mitad de la cabeza literalmente mordida.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;María Belifonte pegó un saltito que en otras condiciones hubiera resultado gracioso y automáticamente comenzó a llorar y a hipar sin entender muy bien qué pasaba. Tampoco entendió el tremendo empujón que le propinó Joâo, aterrizó de cabeza a un par de metros, entre un macizo de flores y un bebedero de piedra. Escupió tierra y se levantó, todavía llorando pero justo a tiempo para ver como un gigante desnudo y cubierto de sangre estrellaba una pila bautismal con tremenda violencia en la cabeza de su novio. Joâo Gabriel Barbosa se convirtió en pulpa de carne y sesos revueltos tan rápido que María registró para siempre su última expresión: una cara de consternación pura.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El monstruo se volvió hacia ella y se frotó los genitales. Un Jesús de tres metros con un pene grande como un martillo hidráulico que se bamboleaba arriba y abajo, con la baba colgando de su mentón y unos ojos vacíos y terribles clavados en ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;María dejó de llorar, dejó de hipar, dejó de respirar, pero se levantó y corrió como nunca había corrido en su vida. Corrió como una condenada, como si disputara por una medalla olímpica. Siete cuadras después se desplomó y se preguntó con una risita histérica qué mierda escondería Joâo en el bolsillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Eran las siete y cuarto de un día normal en la ciudad de Río de Janeiro, y la bestia de yeso comenzó a recorrer las calles aullando como una bestia marina a una luna incipiente y enfermiza. Antes de que oscureciera por completo, ya había asesinado a cuarenta personas, herido a más de noventa y causado destrozos y pánico en toda la zona central de la ciudad. Seguido de cerca por una jauría de perros que no dejaban de ladrarle, dejó un tendal de destrucción como nunca antes se había visto.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Cuando se encendió la lucecita roja de la radio, el teniente Matheus Correia Souza lanzó un insulto por lo bajo. Era su día franco después de dos semanas de trabajo y se merecía pasar tiempo con su pequeña Lucía. Contestó de mala gana, y escuchó lo que tenían que decirle. Soltó una carcajada, luego cerró la boca y se puso pálido. Cinco minutos después, quemaba las gomas de su Yamaha y se saltaba los semáforos en rojo para llegar al cuartel.&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" height="220" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; width: 240px;"&gt;&lt;tbody style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;tr style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;td align="middle" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;table align="right" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; width: 200px;"&gt;&lt;tbody style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;tr style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;td align="center" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/210/cuento8ilus1.htm" style="color: #2e8fc6; font-weight: bold; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://axxoncienciaficcion.com.ar/img/210cuento8ilus1ch.jpg" style="border-bottom-style: none; border-color: initial; border-left-style: none; border-right-style: none; border-top-style: none; border-width: initial; float: left; height: auto; margin-bottom: 3px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; margin-top: 3px; max-width: 648px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;" title="clic para ampliar" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;" /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma; font-size: xx-small; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;Ilustración: Fraga&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Allí, su equipo ya estaba preparado y esperándolo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—Parece que a Jesús se le acabaron las otras mejillas, teniente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—No haga bromas con esto, Figueiras.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Las tanquetas de la policía paramilitar no eran muy cómodas cuando iban atiborradas, pero al menos eran rápidas. El teniente observó que sus hombres se preparaban para el enfrentamiento. El cabo Elizalde Barreiros besó su crucifijo y al instante adoptó una expresión casi cómica, de asco y extrañeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Encontraron a la bestia cerca de la playa, en el extremo sur del Boulevard. El Cristo andante de la iglesia San Juan Bautista había colapsado una avenida, provocando el incendio de varios automóviles y matando a todos sus ocupantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Cuando el equipo preparó la artillería, el monstruo estaba atacando un bus de larga distancia. Forzó las puertas y entró en el vehículo sin que nadie pudiera detenerlo. La policía formó un rápido cordón a unos treinta metros del ómnibus. Adentro se había iniciado una masacre y los gritos de los turistas eran insoportables.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El teniente Matheus Correia Souza no era un tipo de andarse con rodeos. Pidió permiso a sus superiores y tras recibir el visto bueno, se calzó el lanzagranadas en el hombro y apuntó con el corazón frío. En su mente, la pequeña Lucía le enseñaba a amasar bolinhos de mandioca con la cara cubierta de harina.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Disparó una lanza humeante que se incrustó en el tanque de combustible.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El bus pareció rajarse por la mitad, se elevó un metro del suelo envuelto en una llama anaranjada y aterrizó como en cámara lenta en medio de un estruendo colosal.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Más tarde, cuando los bomberos enfriaron los hierros, encontraron lo que quedaba de la criatura, pero a diferencia de sus víctimas, su cuerpo no estaba carbonizado sino resquebrajado y deshecho en escombros.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Cerca de medianoche, la noticia del Cristo asesino había empezado a prender como pólvora en todas las emisoras de radio y televisión del país. Miles de opiniones saturaron los medios con el afán de explicar lo inexplicable. Especialistas y testigos hicieron conjeturas cada vez más absurdas y sembraron la semilla del miedo en toda la nación.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;A las doce y cuarto, en una de las ciudades más bellas y peligrosas del mundo, todos los perros se pusieron a aullar al unísono. Fue un ulular desgarrador que trepó por los morros y se proyectó hacia las estrellas anunciando lo peor.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;De cara al océano, encaramado en el cerro del Corcovado, el Cristo Redentor abrió los ojos y contempló las luces brillantes que se extendían hasta la bahía.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-44148979472994950?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/44148979472994950/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=44148979472994950&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/44148979472994950'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/44148979472994950'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/la-razon-de-las-estatuas.html' title='La razón de las estatuas'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-3833113120504395971</id><published>2011-09-01T06:47:00.001-07:00</published><updated>2011-09-01T06:58:57.646-07:00</updated><title type='text'>La jungla más allá de las estrellas</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #d7d4dd;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;table align="left" border="0" cellpadding="0" cellspacing="0" height="640" style="width: 180px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr height="640"&gt;&lt;td width="30"&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td height="3%"&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: white; font-weight: bold;"&gt;"¿Así que esto es lo que llaman cielo?&lt;br /&gt;Hacía tiempo que quería olisquear esta rica mierda"&lt;br /&gt;Teniente Roderick "Bolo" Sinclair.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #d7d4dd;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;Montaigne se fastidió porque no estaba acostumbrado a sentir miedo. El miedo era un ente abstracto que pertenecía al plano emocional y, por lo tanto, algo que podía ser perfectamente dominado. El resto era puro pensamiento especulativo y distorsión psíquica que le arrojaba su monitor sensible. Montaigne sabía que, como soldado especial de La Federación, no tenía derecho a cuestionar nada que pudiese entorpecer una misión. Por otro lado, siempre había sido un tipo duro, entrenado exhaustivamente en innumerables disciplinas de combate, con casi siete años de experiencia en la guerra a lo largo de todo el Sistema Solar.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Bajo la sólida aleación de su armadura había músculos y tendones bien trabajados, y también una compleja red de cables y circuitos diseñados para actuar en función de un objetivo. ¡Era una pieza clave dentro del Escuadrón de Ensamble, por el amor de Dios! Sin embargo, el miedo estaba allí. Montaigne lo sentía como una segunda capa de piel, como un injerto parasitario luchando para abrirse paso y destruir sus nervios.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;¿Pero miedo a qué? ¿A qué podría temerle él, que había visto y sufrido horrores indecibles desde que fuera procesado y concebido nuevamente para la lucha al igual que todos sus congéneres de Cirión Blanco?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne respiró hondo y jugueteó con las correas de su asiento; una náusea fría pulsaba en la boca del estómago y a cada bocanada de aire sus pelotas se reducían y endurecían como un par de nueces.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;&lt;i&gt;Esto es ridículo&lt;/i&gt;, pensó.&amp;nbsp;&lt;i&gt;Irracional. Absurdo&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Observó al resto de la tripulación y notó que, al igual que él, todo el mundo hacía grandes esfuerzos por mantener la calma.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;A su izquierda estaba Crasher, el soldado bufón que nunca abandonaba su sonrisa. Salvo que esta vez lucía ceñudo y pensativo. El diminuto mono robot que lo acompañaba bailoteaba entre sus piernas una especie fox-trot especialmente desprolijo, pero Crasher apenas le prestaba atención.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cuando se percató de la escrutadora mirada de Montaigne, le guiñó rápidamente un ojo y amagó una sonrisa tensa.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Nadie engañaba a nadie. Amarrado en el compartimiento siguiente, Figueroa observaba el piso de la nave y movía los labios en silencio, como si discutiera cuestiones privadas con su monitor sensible.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne notó que fuera lo que fuera el tema en discusión, le había quitado color a sus mejillas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;De pronto resonó una voz hueca dentro de su casco.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Tengo mala espina Mont. —Enfrentado a él, pero en posición invertida, el rostro de Thompsom parecía una gran luna pálida flotando por encima de su traje negro—. Odio reconocerlo, pero tal vez estemos entrando en territorio enemigo por última vez. El Oráculo no auguró nada bueno, y además...&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaige lo fulminó con la mirada, en parte aliviado de tener en quien descargar sus sentimientos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Y una mierda, soldado. Tenemos un trabajo que hacer y tenemos las mejores herramientas para hacerlo. Así que deja de ponerte a profetizar como un puto Pastor Elemental ¿Me oíste?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sí, señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Qué dice el código asesino?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No existe el miedo. No existe la duda. Sólo existe el Escuadrón de Ensamble y el infierno, y el segundo no es ni la cuarta parte del primero —recitó Thompsom de mala gana la letanía que más les gustaba a los peces gordos de La Federación.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Pero la sensación crecía.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne consultó su muñeca. Faltaba muy poco para el gran salto. Una vez en tierra firme, deberían enfrentarse a lo desconocido como tantas otras veces. Pero al menos entrarían en acción; todos ellos sabían moverse en el caos y hasta resultaba tranquilizador. La naturaleza misma de la batalla les borraría de inmediato cualquier huella de duda, pensamiento e inquietud.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La voz metálica de Paley sonó en los oídos del Escuadrón.&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" height="280" style="width: 240px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="middle"&gt;&lt;table align="right" style="width: 200px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/181/c-181cuento9ilus1.htm" style="text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img height="146" src="http://axxon.com.ar/rev/181/c-181cuento9ilus1ch.jpg" title="Pique para ampliar" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma;"&gt;Ilustración: Fraga&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Escuadrón Gama 3, El Batracio estará llegando a la posición en dos minutos. Prepárense para el salto, chicos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Crasher se ajustó el monitor sensible y escupió en sus guantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Buena suerte, Mont.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No te preocupes por mí, mejor preocupate por el culo de tu novia.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El mono robot miró a Montaigne con aire ofendido, luego se escabulló en un bolsillo de la chaqueta de Crasher, no sin antes dedicarle un gesto obsceno.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;Tres días atrás la Federación los había citado en el Edificio Torre para terminar con las pruebas psicológicas. Pero la máquina Hertestein se había cuidado mucho de orbitar su conversación alrededor del miedo que cada uno sentía. En cambio, se había pasado tres horas ajustando los detalles más insignificantes de sus vidas privadas. Al parecer a la máquina Hertestein sólo le interesaban las estupideces Smithianas relacionadas con el sexo y los sueños y los actos reprimidos de la infancia. El aparato había concluido que en general el grupo gozaba de un "estado emocional aceptable dentro de los parámetros de la misión" y ése fue el final de la entrevista.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Boleto al paraíso, señores.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Herwig había soltado su risotada de mandril y se había bajado los pantalones para enseñarle su gordo culo a la máquina Hertestein. Ésta, luego de meditarlo un par de segundos, había soltado un par de pitidos para recomendarle con toda seriedad que visitara un burdel lo antes posible. La carcajada fue mayúscula.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Esa noche habían ido al bar de la estación a emborracharse con aguanegra y todo había sido más o menos predecible. Incluso más tarde, cuando las cosas se pusieron sórdidas, todo se desarrolló dentro del "comportamiento esperado". Pero eso se debía más que nada al hecho de que a la gente de La Federación no le importaba otra cosa que no fuera la efectividad de sus hombres en el campo de batalla. Un par de bajas civiles no significaban nada para ellos, o bien podían compensarse en nombre de la hegemonía del Imperio. Nadie era tan tonto como para ignorar que las peleas contra la población civil eran moneda corriente en la zona de bares de la Bahía, pero esta vez había sido una pelea demasiada feroz. Montaigne lo había pensado más tarde: cada uno de ellos había actuado bajo un shock de adrenalina como si se estuvieran midiendo contra un enemigo terrible en vez de un puñado de borrachos, y las consecuencias habían sido catastróficas para estos últimos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne estiró las correas y accionó su monitor sensible en posición de descenso. Debajo de sus pies se deslizaba la selva nocturna a toda velocidad como un océano encabritado y fantasmagórico.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Cinco minutos, todos en posición.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Que se la den a tu madre, Paley.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Gracias Costance, eso espero.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne presentía que algo se acercaba, y no tenía que ver precisamente con el enfrentamiento en sí. Era como si un animal gigantesco estuviera agazapado a la espera de saltarle encima.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—El Escuadrón de Ensamble les va a enseñar modales a esos... Humbreys-como-se-llamen —murmuró Figueroa, que a juzgar por su expresión no parecía creer en absoluto que tal cosa pudiera ocurrir.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Se llaman "Hombres" —interrumpió la voz de Joseff por los parlantes del Batracio—. Y estaría bien que por una vez aprendas el nombre de tu enemigo, creo que está noche lo vas a ver de cerca.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Joseff sonaba más nervioso que nunca. Pero el resto del escuadrón no pareció notarlo. Cada uno estaba encerrado en su propio creciente miedo y sólo atinaron a responderle con insultos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Paley salió al rescate de su compañero.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Chicos, la guerra es allá abajo, no aquí. Nosotros sólo piloteamos este armatoste. Oigan, un minuto para el salto. ¿Me oyeron?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Para ti es fácil decirlo, idiota.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Paley hizo caso omiso de los comentarios.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Thompsom?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Estoy listo, cabroncito.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Crasher?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Más que listo, mamón.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Adorable como siempre. ¿Bradley?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Que te pudras.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Costance?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sí, lo que digas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Herwig?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Tú lo estarías, imbécil?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No necesito responderte eso ahora. ¿Figueroa?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Eres un grano en el culo, Paley. ¿Lo sabes?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Por supuesto que lo sé. ¿Sinclair?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sí, sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Mac?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Por qué no cortas el rollo, Paley? No tenemos que aguantar esta mierda.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sólo uno más y dejaré de atormentarte. Lo prometo. ¿Mont?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Estoy listo, Paley.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Muy bien señores, así me gusta. ¡Que se mantenga el espíritu del grupo!&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Adelante se escuchaban sordos estampidos que de a ratos eclipsaban los motores del Batracio. Montaigne tragó saliva. Su monitor registraba resplandores blancos como relámpagos que parecían sacudir la vegetación y conferirle un aspecto irreal.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Antes de que pudiera preguntarse por enésima vez que era lo que andaba mal, la respuesta le llegó con una vehemencia innegable.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El batracio fue alcanzado por la artillería enemiga, una explosión brutal que partió en dos la cabina y lanzó por el aire parte del fuselaje central como si fuera un trozo de cartón. El panel que separaba al escuadrón de la cabina se retorció hacia adentro y todos vieron con horror como su interior ardía en llamas. Se oyó un estruendo de hierros retorcidos que espiraló los gritos y los catapultó en intermitencias enloquecidas. A la izquierda, la silueta de Paley era una antorcha viviente, un fuego azul de metano brotaba desde dentro de su esqueleto reforzado y le lamía el torso. Montaigne vio que, de la nariz para abajo, su rostro sencillamente había desaparecido.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;A la derecha, Joseff colgaba en posición grotesca de las correas de su asiento. Partes de su masa encefálica estaban regadas por todo el tablero inferior de controles.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne no quiso ver más. Cerró los ojos y se preparó para morir.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Sintió de pronto como el Batracio perdía altura y se acercaba al techo de la jungla. Su monitor sensible lanzó un chillido de estática en señal de que había entendido los avatares de una trayectoria aberrante. Montaigne accionó la botonera y esperó. En pocos segundos, el monitor sensible se enroscó en los pliegues de su frecuencia mental como si fuera una mascota reclamando muestras de atención y consuelo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;&lt;i&gt;Está bien, no pasa nada&lt;/i&gt;, pensó Montaigne, pero se engañaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;A modo de respuesta, el monitor le envió una serie de imágenes cargadas de elocuencia. El miedo sin refinamientos de la infancia y la fobia. Una araña medular, esperando escondida en el cajón de los cubiertos. Un ascensor trabado entre dos pisos, llenándose de agua velozmente. Papá, un arma demencial, un ruidoso gemelo robot desaparecido (Papá dijo que escapó) y la insondable relación entre ellos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Perdí un brazo en el asedio Calypso y no dolió tanto —se dijo Montaigne inútilmente para darse ánimos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Entonces la aeronave penetró en la jungla y todas las imágenes fueron barridas como insectos en una tempestad.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne abrió los ojos justo a tiempo para ver cómo el sistema de ventilación se rompía en pedazos y una parte de la tapa metálica volaba directo hacia él.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ni siquiera consiguió ladear la cabeza. Recibió el golpe en plena cara, como la bofetada bestial de una doncella desairada. La boca se le llenó de sangre y fragmentos de dientes. Por los visores laterales, un enredo de follaje corría a toda velocidad y chocaba con violencia en los cristales.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Alguien más gritó. Un grito potente, desgarrador. El viejo Mac tal vez, pero Montaigne estaba demasiado aturdido como para identificarlo. El batracio se sacudía como un simulador enloquecido y sus ocupantes eran muñecos amarrados a los asientos dando tumbos en todas direcciones. El techo de la aeronave desapareció como si una bestia enfurecida lo hubiera arrancado de una dentellada. Montaigne parpadeó frente a un cielo rojizo flanqueado por las inmensas siluetas de los árboles. A unos metros de la abertura, Thompsom rebotaba entre su asiento y el compartimiento de carga. Una de sus correas se había cortado y éste no podía encontrar asidero para evitar los golpes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Por lo que pareció un tiempo interminable, el Batracio continuó rodando y chocando contra troncos y ramas. Poco después pareció encontrar tierra firme y espacio suficiente como para deslizarse en línea recta por unos cuantos metros. Finalmente se detuvo al colisionar contra el grueso tronco de un árbol que tenía la altura de un edificio gubernamental. La gran sacudida provocó que desde las altas copas se desprendiera un escándalo de plumas y graznidos, que la misma selva se encargó de tragarse. Después, como si nada hubiera ocurrido, sobrevino el silencio.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne escupió un coágulo de sangre y, con mucho cuidado, se tocó la boca con la yema de los dedos. Ahora que todo había terminado, se sorprendía de percibir aquella quietud casi sobrenatural.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ensayó una sonrisa incrédula, pero sus labios partidos se lo impidieron. Le dolía cada centímetro del cuerpo como si lo hubieran apaleado con ganas. Pero era increíble estar entero a pesar de todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Lo que quedaba del Batracio no era más que una cáscara de metal retorcido, un armazón irreconocible que no guardaba concordancia con ningún vehículo. El denso humo negro que brotaba de la cabina lo hizo lagrimear y arrugar la nariz.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne evitó mirar los restos carbonizados de Paley y Joseff. Se desprendió las correas que lo sujetaban y se tambaleó entre los restos en busca de sus compañeros.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Mont. ¿Estás bien?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne volvió a escupir sangre y palpó con la lengua los destrozos de su dentadura. Resultó no ser tan grave como había temido.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sí, gran Bolo, me he volado un par de dientes, pero eso es todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Mejor así, oye, ¿podrías ayudarme a zafar de esto?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaige se apresuró a levantar una plancha de acero, pero al inclinarse sobre Bolo soltó un gruñido de sorpresa.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La carga orgánica de Bolo se había quebrado y los gusanos de mercurio habían perforado el traje protector para meterse en el cuerpo. Era una herida del diámetro de una bala de cañón por donde se asomaba un manojo de intestinos infestados de larvas transparentes. El gran Bolo tenía los minutos contados.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Tienes un agujero en las tripas Bolo... La carga orgánica se ha activado...&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Bolo levantó su enorme cabeza. Gotitas de sudor habían aparecido en su cráneo y brillaban como diminutos diamantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Mierda. Eso parece.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Lo siento, camarada.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No. No lo sientes ¿Tienes algo de aguasol? ¿Mordina?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Mordina? No. Sólo un poco de Lid en mi Cantimplora.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No me gusta el Lid. Te achica las pelotas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Eso dicen.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Mierda!&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Lo siento Bolo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Deja de decir lo siento, me estás enfermando Chico.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Bolo suspiró y miró a los ojos de Montaigne.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Supongo que es un buen momento para que cumplas tu promesa.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sí, supongo que lo es.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne sacó su pistola y le quitó el seguro.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Nunca me gustaste, Mont —dijo Bolo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Cállate.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Hijo de una gran puta artificial. Nunca me gustaste.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne apuntó directo a la frente de su compañero.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;En ese momento Crasher y Thompson llegaron tosiendo y lanzando maldiciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Eh Mont, hay malas noticias. Costance está muerta, tiene una varilla de cromo incrustada en la garganta. No podemos encontrar a los demás, es posible que hayan sido despedidos pero no sabemos... ¡Dios!&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Se detuvieron en seco al ver la situación en la que se encontraba Bolo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Qué demonios haces, Mont?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Silencio idiotas! No quiero que los gusanos me devoren vivo. ¿Qué esperan que haga?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Bolo le hizo una seña a Montaigne. Sus pupilas se habían dilatado hasta invadir el iris.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Qué estás esperando, Mont? No me dejes así ¡HAZLO!&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne disparó.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El eco del estampido repercutió en el silencio somnoliento de la selva y a lo lejos despertó voces de protesta de una fauna desconocida. La cabeza de Bolo estalló como una calabaza podrida. La sustancia grumosa y blancuzca que conformaba su cerebro salpicó el visor lateral y se quedó adherida al vidrio como una decoración abstracta. Las piernas de&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Bolo temblaron como si lo hubiera atravesado una corriente eléctrica.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El monitor sensible mostró la imagen de una hembra. Los bordes espejearon en azul. Recortada y nítida sobre un fondo de estática, la criatura movía los labios y formaba oraciones silenciosas. Echaba el brazo derecho hacia atrás, en un gesto de absoluto desdén. Luego empezaba a dar media vuelta, como para marcharse. El movimiento se detenía en un cuarto de giro. Volvía a empezar. Cada escena del loop no duraba más de siete segundos. Una hembra joven y hermosa, pero de rasgos indefinidos, como lavados por la memoria. Apuntes tomados a las apuradas que, leídos años después, apenas tenían sentido. El duro entrenamiento del Campamento Nuevo Blitzkrieg incluía la lectura de labios. Montaigne pensó que lo que la criatura repetía no quería decir nada: "No ofrecerás tu cuerpo a infiernos ni hoteles olerán a rosas".&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Yo soñé esto antes —susurró Crasher a nadie en particular.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;A mitad de camino del brazo, en su noveno gesto desdeñoso, la imagen se congeló. El azul espejado de los bordes se oscureció hasta el negro. La oscuridad avanzó hasta dejar sólo un punto brillante en medio de la pantalla, que parpadeó hasta desaparecer.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ahí quedaba el viejo Bolo. Teniente oficial y asesino galáctico calificado. El gran devorador de estrellas que había sobrevivido a la guerra de los tres planetas y que había encontrado la muerte en manos del subalterno que más detestaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne tomó su logo de identificación y lo guardó en el bolsillo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Unos pasos más atrás, Crasher y Thompson lo observaron con expresión lúgubre, pero no dijeron una palabra. Conocían bien los códigos del Escuadrón y sabían que no era momento para discutir.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne enfundó su pistola. Todavía se sentía aturdido pero ya había tomado el control de sus pensamientos. Sin mirar a sus compañeros se alejó de los restos de la nave para reconocer el territorio.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;En el tramo final de su caída, el Batracio había atravesado un claro de unos doscientos metros cuadrados, dejando un surco en la tierra que parecía el zarpazo de un dragón. Partes del fuselaje y el motor estaban esparcidos por todas partes y brillaban a la luz de la luna con malsana intensidad. Montaigne tuvo la sensación de haber inaugurado el primer basurero espacial de la selva. Caminó junto al retorcido tren te aterrizaje y por segunda vez se sintió admirado de mantenerse con vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Siguiendo el rastro que había dejado la nave, salió del claro y se internó entre los árboles gigantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cuando Montaigne se perdió de vista, Thompsom le dirigió una furtiva mirada a Crasher.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Tú que piensas? ¿Se habrá vuelto loco?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Loco? No. No lo creo. Pero pienso que es un hijo de puta impredecible. El gran Bolo decía a menudo que no podía confiar en un droide semiorgánico. Nunca se tuvieron simpatía ¿sabes?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Pues a mí tampoco me gusta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Está bien. Ya arreglaremos cuentas más adelante. Ahora lo importante es ocultarnos. El enemigo puede estar en cualquier parte y este claro nos convierte en blanco fácil. Sigamos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Los dos soldados fueron tras los pasos de Montaigne.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;A los cinco minutos de marcha, ya habían descubierto que la selva era espesa y oscura, y también húmeda y sofocante, y&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;que parecía intentar engullirlos a medida que avanzaban. Los árboles eran altos como torres y sus troncos anchos como casas. El cielo había quedado completamente oculto por una espesura asombrosa tan cerrada como la cúpula de una catedral.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Crasher y Thompsom se ayudaron para trepar por los nudos de una raíz y se detuvieron al otro lado para beber un poco de Lid. Allá adelante estaba Montaigne, acuclillado y aguardándolos con esa expresión tensa, indescifrable.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Les hacía señas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Thompson se adelantó procurando no hacer ruido. Detrás de él percibió que Crasher también había interpretado el mensaje. Cuando llegó junto a Montaigne, movió los labios sin llegar a emitir sonido:&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Qué pasa Mont?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No lo sé. Adelante. Cincuenta metros. Hay algo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Crasher observó inquieto en la dirección que señalaba Montaigne, pero sólo vio árboles y plantas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Estás seguro?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne lo miró como si no comprendiera la pregunta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Vamos a averiguar de qué se trata. Prepárense.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Desenfundaron sus armas y se arrastraron por la vegetación con calculada lentitud. Crasher por la izquierda, Montaigne por el centro y Thompsom por la derecha. Avanzaron con movimientos sinuosos que se adaptaban a las formas del entorno. Los ojos abiertos, los oídos alertas y los labios apretados. Habían compartido situaciones semejantes infinidad de veces, y estaban entrenados para ser sigilosos. No había soldado en la historia del universo que no conociera ese trance de vida o muerte. El instinto de preservación afilaba los sentidos y los convertía en los de un reptil mortífero y terrible, un animal tenso antes de dar el salto hacia la confrontación. Pero esta vez había un factor adicional que no alcanzaban a comprender y que los trastornaba: los tres tenían miedo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne volvió a sentir esa furia hacia sí mismo que era una mezcla de vergüenza y reproche. Presentía que algo andaba mal, pero era incapaz de detenerse. Sus aletas nasales se dilataron en busca de oxígeno. ¿Quién le había inoculado ese veneno? Era como un germen que crecía y lo arrastraba.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Estaban más cerca ahora. Se lo decía su corazón desenfrenado y las extrañas figuras que bailaban erráticas en los márgenes del monitor sensible.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Montaigne se adelantó unos metros y desapareció tras la cortina de hojas de una gigantesca planta parásito. Se parapetó detrás de un tronco caído y aguzó el oído.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Sólo un rumor de pájaros saludando el amanecer y más atrás, casi imperceptible, ese otro sonido bajo y grave que era como un temblor lejano, un sonido que parecía salir de las entrañas mismas de la tierra y que hablaba en su propia lengua.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Preso de la curiosidad, Montaigne se asomó por encima del tronco, y cuando lo hizo comprendió por fin la dimensión de su error.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Abrió la boca para gritar pero no brotó ningún sonido.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;No había miedo que pudiera conjurar para medirse contra eso. Por primera vez en su vida de bio-droide, Montaigne se quedó paralizado. Su último pensamiento coherente fue rogarle a Dios una muerte rápida y sin dolor.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;El Tigre Rojo había escupido una bola de fuego que había impactado de lleno en el aparato volador. Cuando éste se precipitó sobre la selva, se relamió a sabiendas de que obtendría su cacería. Guiado por su olfato, localizó a los mamíferos sobrevivientes y empezó el juego que mejor sabía jugar: acechar. Sus poderosas patas recorrieron la jungla sin hacer el menor ruido. A las dos primeras presas las había encontrado indefensas y heridas, pero no dudó en divertirse un rato con ellas antes de devorarlas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El tercero había demostrado valentía, pero de todas maneras había durado poco. No tuvo la menor posibilidad. Sus colmillos habían desgarrado la carne antes de que pudiera disparar esa ridícula arma.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Mientras saciaba su apetito, aún con el hocico hurgando en las humeantes tripas de su presa, sus oídos detectaron a los tres restantes, que se acercaban a paso sigiloso por el antiguo camino de la ciudad antigua.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;¡La desfachatez de estos seres era increíble! ¿Acaso intentaban cazarlo a él? ¿Y con qué armas podrían detenerlo?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Él era un Tigre Rojo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Un ser eterno. Un Dios de la estirpe de los hombres.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ah, pero cómo se divertiría con esos pequeños.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Levantó su ensangrentada cabeza y observó directo a los ojos de aquel ser insignificante.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El cruce de miradas duró apenas un segundo, pero alcanzó para que la cordura de su presa se derrumbaba sin remedio.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Más tarde, encontró entre sus propias heces un diminuto mono robot empeñado en seguir funcionando y entonces, no pudo impedirlo, la carcajada que brotó de sus fauces fue un rugido que retumbó en todos los rincones de la selva.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-3833113120504395971?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/3833113120504395971/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=3833113120504395971&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/3833113120504395971'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/3833113120504395971'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/asi-que-esto-es-lo-que-llaman-cielo_01.html' title='La jungla más allá de las estrellas'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-7318327182687605690</id><published>2011-09-01T06:38:00.001-07:00</published><updated>2011-09-01T07:00:31.093-07:00</updated><title type='text'>El Nanaboush</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #d7d4dd;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;La figura surge de los paredones de niebla y avanza a los tumbos como si unas manos invisibles la fueran empujando de un lado a otro. Mientras camina, se pregunta qué es lo que ha perdido y cuál será su valor, ya que sus ojos miran en todas direcciones como si tuvieran la esperanza de encontrarlo. Esto, que seguramente es una clave, también es un nuevo enigma y su cabeza no alcanza a descifrarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;No sabe cuánto tiempo hace que camina en la misma dirección, entre sombras que se le antojan pesadas y polvorientas como los telones de un teatro abandonado.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;No sabe hacia dónde se dirige, ni para qué.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;De pronto la figura cae en la cuenta de que no sabe nada de sí misma; sus ropas son unos andrajos desteñidos que no significan nada, no hay identidad ni sentido de propiedad en lo que lleva puesto, y a medida que comienza a observarse más en detalle, descubre que nada le resulta familiar. Sus manos, por ejemplo, parecen no recordar cómo moverse en armonía con el resto de su cuerpo. Cuando las observa, le parecen las manos de otra persona, manos blancas y sin uñas, como las de un ahogado enmarañado en las ramas babosas de algún río perdido.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;&lt;i&gt;"Había un río que cruzaba el extremo sur de un pueblo sin nombre. Los fantasmas que lo habitaban caminaban sobre sus aguas y entonaban extrañas canciones. En ese mismo lugar, por las noches, las Cariblancas descendían lentamente de los árboles y se arrastraban hacia la orilla, hacia el borde del espejo del río, y una vez allí, encorvadas y tiesas, contemplaban sus propios rostros vacíos y sin vida y prorrumpían en largos y desgarradores lamentos".&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La silueta avanza.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Poco a poco, la niebla comienza a replegarse, y entonces ante sus ojos se forma un paisaje tosco. Se halla en medio de un bosque, pero todos los árboles han sido cortados o arrancados de raíz. Hasta donde alcanza a ver no hay más que agujeros en la tierra, aquí y allá, algunos troncos desnudos sobresalen como estacas, otros, retorcidos y quemados, permanecen todavía humeantes. La silueta contempla en silencio y después sonríe. Así eran las cosas antes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;De pronto una sensación desagradable le hace fruncir la boca. Le produce arcadas, se arrodilla en la tierra y vomita un puñado de arena.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;&lt;i&gt;"Un barco semihundido en la ribera del río, casi oculto a la sombra de un sauce llorón, las maderas podridas y despintadas, y en la popa, apenas legible, la palabra Cenit. Con los vaivenes de la marea se oye un rechinar de tablas húmedas que es el único sonido que trasciende hasta allá abajo, hasta el fondo turbio y fangoso, donde los que tiempo atrás se hundieron no han despertado todavía".&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Todo es extraño por aquí.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;No le sorprende que le haya pasado eso. Con su mano huesuda revuelve en la arena y descubre un pequeñísimo objeto de metal. Lo hace dar vueltas entre sus dedos y se lo acerca al rostro para soplarle los restos de arena. ¿Qué es? ¿Qué es esto? Tiene la forma de una tijera diminuta. Pero la voz de su mente le dice que lo que sus ojos ven como una tijera es en realidad una llave.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;¿Y qué cosa es una llave al fin y al cabo?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La silueta guarda el objeto y continúa caminando. Más adelante divisa un camino que serpentea colina abajo, piensa que tal vez si deja que sus pasos lo sigan, él se digne a llevarle a alguna parte.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;La niña tendría cinco o seis años. Al principio había llorado cuando sus padres la dejaron ese fin de semana en casa de Tía, pero Tía había sabido convencerla con sus galletitas de coco y la promesa de bajar al pueblo a comprar unas telas para hacerle un vestido (o un disfraz de princesa, con coronilla de flores incluida), y la tarde se había deslizado agradablemente sobre sus goznes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ahora la niña jugaba en el patio de atrás. Había descubierto que le fascinaba tirarle maíz a las gallinas y se había olvidado por completo de sus padres.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Desde la cocina, Tía se asomaba de a ratos para vigilarla, lo hacía más bien por complacerse a sí misma; sabía que era una niña obediente y no se alejaría más allá de los límites de la propiedad. Esos árboles viejos le daban miedo a su sobrina, y por Cristo que, aunque no hubiera ninguna razón lógica, a ella también.&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" height="220" style="width: 240px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="middle"&gt;&lt;table align="right" style="width: 200px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/195/c-195cuento6ilus1.htm" style="text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img height="194" src="http://axxon.com.ar/rev/195/c-195cuento6ilus1ch.jpg" title="Pique para ampliar" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma;"&gt;Ilustración: Siverio&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Tía se limpió las manos en el delantal y entró de nuevo en la cocina.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La niña estuvo jugando un rato sin prestarle atención a nada que no fuera parte de su pequeño universo, hasta que oyó que alguien la llamaba por su nombre. Miró en dirección a los árboles, esperando ver allí a otro niño, pero no vio nada. O mejor dicho, vio algo, como una representación difusa de su propia fantasía.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;¿Qué es eso?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Una sombra se desprendió de las demás sombras y se acercó a ella lentamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Fue como si una mano callosa le acariciase la corteza cerebral. Un pánico repentino la paralizó. Era como un árbol seco y retorcido al que las brujas malas del bosque habían dotado de vida. De su cuello colgaba algo horrible, y entonces, al verlo realmente de cerca, la niña recordó lo que la había hecho gritar en sueños la noche anterior.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cuando la figura se acercó, encontró a la niña desvanecida sobre el pasto. Entonces se agachó sobre ella y, mientras se preguntaba nuevamente por qué procedía de esa manera, colocó sus manos sobre el pequeño cuello y apretó hasta dejarla sin vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Tía sintió un escalofrío. Estaba soplando viento y tal vez no fuera buena idea que la niña se entretuviera tanto tiempo ahí afuera. Que protestara y le hiciera berrinches si quería, ella le contestaría que por más que lo intentase no iba a ser en su casa donde se pescara un resfrío.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Tía salió al patio trasero, y cuando enfocó la vista la voz se le hizo piedra en la garganta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Una silueta sin rostro sostenía en sus brazos a su sobrina muerta, que aún así tenía los ojos abiertos y se movía.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Era como un títere. Un cuerpo vacío animado artificialmente.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Antes de caer de rodillas y perder el juicio, Tía vio que aquel ser tenía un collar de pájaros muertos colgando del cuello. El espectro pasó junto a Tía y entró a la casa con la niña. Se dirigió a la sala, observó el recinto y terminó por sentar a la niña en una mecedora que había junto al fuego del hogar. Luego arrimó una silla y se sentó frente a ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Y empezó a hacer preguntas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Dime Dholl, ¿quién soy yo?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Todavía nadie...al igual que yo soy nadie ahora, sólo eres un eco preguntándome un nombre a través de mi carne muerta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El espectro parpadeó.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Entonces dame ese nombre, ya que lo necesito para cobrar existencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Tu nombre es Nanaboush, o Demonio de Polvo, si prefieres. Pero ésta no es mi respuesta sino la tuya, pues ya la traías contigo desde el otro mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Que la traía conmigo, dices? Sin embargo no he podido interpretar mucho de lo que he visto, ni recordar nada de lo que he sido...&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Nanaboush, eres tú mismo, y yo también lo soy ahora, hablándote desde este cuerpo que no te pertenece. A medida que afirmes tu realidad en este mundo se te develarán muchos misterios, pero habrás de pagar un precio muy alto por ello.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La expresión de la niña estaba completamente vacía. El espectro la observó con atención y luego le acarició el cabello.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Dholl, dime una cosa más: ¿por qué estoy haciendo esto?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—A los no nacidos se les permiten muchas cosas, pero rara vez pasar al plano físico. Por lo tanto deambulan por el limbo, famélicos de orden y consistencia; son seres peligrosos porque buscan continuamente grietas y atajos para filtrarse en el mundo empírico y cobrar forma. Es difícil que alguno lo consiga, habitan en los sueños de los seres vivos sin ser producto de ellos. Cuando un Nanaboush trasciende las fronteras, convierte en espectro a quien esté cerca, y todo lo que un Nanaboush toca se transforma en olvido. Son creadores de fantasmas. Creadores de susurros. Cuando la soledad los carcome intentan el contacto y lo destruyen todo, a su paso sólo quedan huellas, ruinas, hojas secas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Entiendo. Pero entonces también soy el resto, fantasmas... todos los fantasmas son partes de mí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sí, y siempre estarás solo, no importa lo que hagas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La figura emitió un sonido grave, una especie de gruñido. Luego guardó silencio unos instantes.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Gracias, Dholl, tu respuesta me ha llenado de tristeza. Ahora conozco la dimensión exacta de mi soledad. Vendrás conmigo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Iré contigo mientras este cuerpo lo resista, ya no soy quien fui, sino lo que soy ahora. Soy carne de tu voluntad.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La figura tomó el cadáver de la niña y lo depositó en el piso. Le acarició el cabello largo rato y después le murmuró unas palabras al oído. La niña asintió.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Nanaboush sacó de entre sus ropas la pequeña tijera y la depositó en las manos del Dholl. Salieron de la casa y bajaron por el camino en dirección al pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Un viento frío arrastró nubes oscuras desde el oeste, y a lo lejos, sobre las luces de las casas, un rumor de truenos comenzó a hablar en el mismo idioma que la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Nanaboush había entrado en el mundo de los vivos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-7318327182687605690?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/7318327182687605690/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=7318327182687605690&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/7318327182687605690'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/7318327182687605690'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/el-nanaboush.html' title='El Nanaboush'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-6317842796610959791</id><published>2011-09-01T06:36:00.001-07:00</published><updated>2011-09-01T07:01:40.021-07:00</updated><title type='text'>Sunny Rose y el vendedor de espejos</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #d7d4dd;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;Mi nombre es Sunny Rose y tengo ocho años. Mis verdaderos padres me abandonaron cuando era pequeña y desde entonces he vivido en distintos orfanatos. Hace cuatro meses, una pareja de rancheros de Dakota del Sur vino a visitarme y se quedaron encantados con mi inteligencia y vivacidad. Me adoptaron enseguida, por lo que pienso que soy una chica afortunada. La señora Jefferson (ella insiste en que la llame mamá, o al menos Mary, pero aún no lo he conseguido) es tan buena y agradable que hasta siento ganas de llorar cada vez que me habla. Ella, en cambio, no tiene problemas en demostrar sus sentimientos. La primera vez que le enseñé un dibujo en donde aparecíamos las dos de la mano en un enorme campo de trigo, se echó a llorar a lágrima suelta y durante un buen rato se dedicó a soplar sus mocos en un pañuelito. Después me explicó que el dibujo le había parecido hermoso y que lo guardaría en un lugar especial como si fuera un tesoro o una gran obra de arte. El señor Jefferson (se llama Ephrain, ¿no es gracioso que alguien pueda llamarse Ephrain?) no es de hablar demasiado. Lo he observado durante todo este tiempo y me parece que es como una especie de broma o apuesta, o algo loco y tonto que no alcanzo a comprender. Quiero decir, no me parece posible que alguien sea tan hosco siempre. Aunque la señora Jefferson me ha jurado que no hay nada de malo en él, lo he observado y creo que me está gastando una broma. Creo que algún día llegará de su trabajo, me hará girar en sus brazos riendo y me dirá: Eres una tonta Sunny Rose, todo este tiempo te creíste que era un hombre apesadumbrado que no entendía el significado de las palabras. La señora Jefferson, por su parte, adora las palabras. Ella habla y habla con total naturalidad y de todos los temas que se te puedan ocurrir. Durante la cena, por ejemplo, le describe a su esposo, con toda minuciosidad, la rutina de sus quehaceres mientras él ha estado ausente trabajando en los campos, de su predilección por las voces de Henry Haller y Melissa Stuart en el radioteatro de la tarde, de sus fervientes deseos de pasar un fin de semana con los primos del Oeste, del vuelo de los pájaros y la emigración de los patos y muchas otras cosas que ahora no recuerdo. Pero el señor Jefferson en vez de responder o mostrarse interesado, sólo gruñe y arroja monosílabos, y hay veces en que ni siquiera levanta la vista del plato. Pero no creo que sea un mal hombre.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Hubo una tarde en que estaba jugando en el porche, y sus botas de cuero se detuvieron a pocos centímetros de mi caja de lápices.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sunny Rose, toma. Hice esto para ti. —Dejó caer en mis manos un caballito tallado en madera y se alejó sin mirar atrás ni una sola vez.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Gra... gracias.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Yo quedé con la boca abierta. Después, cuando su silueta se convirtió en un borrón sobre el camino, empecé a correr y a dar volteretas y hurras con mi nuevo juguete. En ese momento amé a aquel hombre más que a nada en el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Pero mi felicidad terminó pronto. He sido huérfana y sé que la felicidad puede ser una rata tramposa.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El vendedor de espejos apareció una tarde por el camino, pero su presencia se anunció mucho antes en forma de destello luminoso. Un destello blanco y titilante, casi mágico, con el cielo turquesa de Dakota como un manto de otro planeta o de cuento de hadas. El sol parecía concentrarse como el haz de una lupa sobre ese punto que oscilaba y se acercaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Ves eso? —le pregunté a Koko. El caballito apuntó su hocico en dirección a mi dedo—. Me pregunto que será. —Koko permaneció pensativo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Al cabo de unos minutos, la silueta de un hombre empezó a tomar dimensión. Traía un extraño sombrero negro con un alto pico, y de su cuerpo colgaban una docena de espejos de muchos tamaños y formas. Los había redondos y ovalados, rectangulares, con curiosas formas de trapecio, algunos con marcos de brillante madera laqueada con incrustaciones de piedra, otros con armazones de metal: hierro forjado, bronce, y hasta oro.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Por mera curiosidad, corrí hasta la entrada del rancho y me dispuse a observar mejor a aquella extraña aparición. Koko pifió una y dos veces, dándome claras señales de intranquilidad. —No te preocupes, Koko, sólo es un vendedor de espejos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El hombre se detuvo junto a nosotros y ejecutó un ridículo bailecito.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Buenas tardes hermosura ¿Cómo es que un ángelito como tú anda vagando bajo los rayos de este sol impertinente? —Tenía un acento extranjero. De repente se quitó su aparatoso sombrero y practicó una reverencia. Algo en la forma de su cráneo y la manera en que sus cabellos blancos se adherían a él me provocó un escalofrío.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Sólo estaba jugando.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Una cara blanca como la leche se dividió con una fina línea de labios apretados.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Jugando, eh? ¿Y a qué estabas jugando, si se puede saber?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Koko decidió que aquel hombre no le gustaba en absoluto, y yo pensé lo mismo. Daba la sensación de que debajo de todos esos espejos y oscuras ropas se escondía un cuerpo huesudo y torcido, como ese árbol en el límite del rancho que había sido alcanzado por un rayo y que permanecía de pie pero sin vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Jugaba... con mi caballito... Eso es todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cada vez era más difícil sostenerle la mirada, los ojos saltones tenían un brillo de sapo, eran ojos que hacían rebotar la luz del día como rechazándola. El vendedor de espejos se encasquetó su sombrero y miró a ambos lados del camino. Luego su horrible mirada se posó nuevamente en mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Y dónde están tus padres, cielito? ¿Se encuentran tus padres por casualidad en la casa?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—No... Quiero decir, ¡sí! Mi madre... la señora Jefferson, ella está en casa. Ephrain trabaja en los campos, él fue quien talló a Koko, ¿sabe? —Me temblaba la voz. No quería que él se diera cuenta de que le tenía miedo, pero no pude evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas.&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" height="180" style="width: 240px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="middle"&gt;&lt;table align="right" style="width: 200px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/178/c-178cuento9ilus1.htm" style="text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img height="200" src="http://axxon.com.ar/rev/178/c-178cuento9ilus1ch.jpg" title="Pique para ampliar" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma;"&gt;Ilustración: Aradano&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿Ephrain? ¿Por qué será que me suena ese nombre? —El vendedor de espejos se rascó el mentón y me guiñó un ojo, pero su expresión era taimada. Por un momento uno de sus espejos me arrojó la luz del sol en plena cara y me obligó a parpadear. En ese instante vi algo espantoso. Algo fugaz que cruzó a toda velocidad mi cerebro. Sentí un pánico paralizante, como una noche en el orfanato, cuando percibí el movimiento de una enorme araña en la almohada, a pocos centímetros de mi cara.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Oiga... No me haga daño... Soy una niña huérfana y todavía no sé lo que es la felicidad —dije. Era una frase tonta, pero había surgido de mi boca espontáneamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El hombre me miró con desagrado y luego se largó a reír.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¿La felicidad? Te aseguro que no lo sabrás jamás, querida.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Se acomodó las ropas y comenzó a alejarse por el camino con el mismo andar pausado. Cuando estuvo a una buena distancia levantó un brazo en señal de despedida. Los destellos de luz se fueron apagando a medida que se alejaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ni Koko ni yo respondimos el saludo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Esa noche la señora Jefferson llamó a la policía. Vinieron hombres de traje, hombres de rostros serios y pensativos que dieron vueltas por toda la casa. Hicieron muchas preguntas y uno de ellos se encargó de anotar con rapidez cada respuesta en una libretita. ¿Cómo estaba vestido cuando se fue? ¿Tenía algún problema con alguien de la zona? ¿Habían discutido recientemente? ¿Problemas de dinero?&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La señora Jefferson lloró durante toda la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Y al día siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Y al otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Poco tiempo después me envió de nuevo al orfanato.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Papá jamás volvió a casa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-6317842796610959791?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/6317842796610959791/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=6317842796610959791&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/6317842796610959791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/6317842796610959791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/sunny-rose-y-el-vendedor-de-espejos.html' title='Sunny Rose y el vendedor de espejos'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-8754546875636009540</id><published>2011-09-01T06:34:00.000-07:00</published><updated>2011-09-01T07:02:09.150-07:00</updated><title type='text'>¡ZOMBIE, RESPONDE!, ORDENÓ EL PLASMATRÓN</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #d7d4dd;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;El mundo era una montaña de basura. Una corteza humeante y estéril poblada de ratas, insectos y gaviotas. En el epicentro de la devastación, en el tatuaje concéntrico donde se había librado la última guerra humana, aún quedaban vestigios de locura.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Plasmatrón abrió su ojo de cíclope y realizó una rápida evaluación de los daños. Todavía le quedaba reserva de energía para unos cuarenta años. La explosión lo había dejado fuera de combate durante varios días y las esquirlas habían afectado el funcionamiento de una de sus patas traseras; además, el bloque de concreto que lo aprisionaba le había ocasionado una leve fisura en un costado con pérdida de fluido, pero nada de eso era grave. Lo que preocupaba al Plasmatrón era algo de índole moral.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Harlan! —exclamó—. ¡Capitán Harlan!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;Activando un sistema interno de compensación gravitatoria, el Plasmatrón se enroscó sobre sí mismo y levantó el peso que lo oprimía. Una maraña de metales retorcidos y concreto chirrió y se desplazó hacia arriba primero y luego hacia un costado.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Capitán Harlan!&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Como si fuera un periscopio, el Plasmatrón giró el oscuro cilindro de su torso y contempló las ruinas que lo rodeaban. Viento y oscuridad. No mucho más que eso. La ciudad de Tres Corazones había desaparecido por completo. Una fina llovizna corrosiva salpicaba y horadaba los restos de hormigón y metal que se extendían kilómetros a la redonda.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Aunque camine por el valle de la muerte, no temeré mal alguno —recitó el Plasmatrón impostando la voz según el estilo de los Ministros de las antiguas iglesias de América del Norte. Una de sus gracias favoritas que era, sencillamente, una fracción de holodata encontrada entre las miles de millones que almacenaba en sus entrañas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Porque tú estás a mi lado, y tu vara de pastor me reconforta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Comenzó a moverse hacia el sur a velocidad media, una araña blindada de media tonelada, de a ratos recitando versículos de la Biblia, de a ratos llamando a Harlan. A su paso, pequeñas alimañas intentaron huir aterrorizadas pero el Plasmatrón las fue vaporizando sin contemplaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Al cabo de unas horas, se detuvo al pie de una estructura y comparó datos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Efectivamente, en ese lugar había estado el edificio gubernamental. Ahora la madeja de hierros desnudos y calcinados se parecía de una manera siniestra a una de esas montañas rusas que tanto les gustaban a los humanos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Plasmatrón meditó unos segundos. Desde la pequeña cúpula espejada que conformaba su cabeza surgió un haz de luz titilante que taladró los nubarrones negros.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Esperó.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Recibió estática y luego silencio. El satélite se había dañado también. Desde su interior brotó un pitido que bien podía ser el equivalente mecánico de un insulto humano.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Harlan! —gritó con los altavoces a máximo volumen, pero sólo recuperó los ecos de su propia voz rebotando en los escombros.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;De pronto se le ocurrió una idea. Desde un boquete en el fuselaje de su barriga surgieron dos tentáculos equipados con pinzas que se pusieron a trabajar frenéticamente, su ojo único concentrado en remover piedras y vigas. Poco a poco, mientras la lluvia y el viento comenzaban a convertirse en una furia sorda contra su armazón, fue despejando el perímetro hasta que encontró lo que buscaba. Una puerta de acceso de datos de código militar, con la pantalla echa pedazos pero con la fuente primaria intacta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Sin dudarlo ni un segundo, extendió el cordón umbilical y activó la conexión. Primero hubo un parpadeo en el interior de su cerebro, luego un zumbido que le era familiar. Un mundo verde, traslúcido, inmaculado y perfecto se desplegó ante su vista. Pulsó los signos de identificación en el mapa y aguardó. La Inteligencia leyó las coordenadas y respondió enseguida.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Harlan Jonathan Smith, alias "Job". Capitán de regimiento tres de infantería. Muerto en combate hace seis días en la región de los parques. Avenida del Nuevo Anticristo y Megalenguas. Deterioro celular ochenta por ciento. Capacidad motriz casi nula. Capacidad intelectual veinte por ciento.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Plasmatrón recogió algunos datos más y cortó el cordón umbilical.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Capitán Harlan —dijo—. Ya sé dónde encontrarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Se dirigió al sudoeste bajo la tormenta, a paso firme y rápido. Evadió las zonas donde las bombas habían dejado cráteres del tamaño de estadios olímpicos y corrigió el rumbo con milimétrica exactitud. Cuando encontraba algún escollo que no podía rodear, simplemente trepaba por encima y continuaba avanzando.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cerca del amanecer llegó a una zona industrial donde milagrosamente la artillería había dejado en pie la mayoría de los edificios. Vio cadáveres por doquier, soldados enemigos y aliados desparramados sin orden ni concierto. En las estrechas calles, aquí y allá, los cuerpos despedazados daban testimonio de la crudeza de la lucha.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;"Vaya desperdicio de unidades orgánicas", pensó el Plasmatrón, y fulminó con un chorro de vapor a un perro que intentaba arrastrar su cuerpo herido lejos de allí.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Falta poco, Harlan.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El ojo de la máquina atisbó a lo lejos los rayos débiles de un sol moribundo, una mancha de claridad en un cielo cubierto de cenizas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—Here comes the sun, and I say, it's all right...—tarareó.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Continuó su avance hasta llegar a la región de los parques. Un espacio abierto donde antaño habían proliferado los más hermosos bosques y jardines, un pulmón verde que servía para oxigenar a la ciudad y que como consecuencia de la guerra se había convertido en un paraje infernal de trincheras y barro.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Plasmatrón avanzó entre lodazales y zanjas, y comenzó a escanear los cuerpos.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cerca del mediodía, en una especie de fosa común infestada de ratas, encontró por fin el cuerpo del Capitán Harlan.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Eureka! —exclamó, y en la cúpula espejada de su cabeza apareció un punto azul que tal vez connotaba algún tipo de alegría.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Con sus dos tentáculos articulados levantó los restos mortales de Harlan y lo examinó detenidamente. Luego lo acomodó junto a su torso como si fuera una madre acunando a su hijo.&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" height="220" style="width: 240px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="middle"&gt;&lt;table align="right" style="width: 200px;"&gt;&lt;tbody&gt;&lt;tr&gt;&lt;td align="center"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/191/c-191cuento2ilus1.htm" style="text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img height="325" src="http://axxon.com.ar/rev/191/c-191cuento2ilus1ch.jpg" title="Pique para ampliar" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma;"&gt;Ilustración: Fraga&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;"Para otro humano", pensó, "el aspecto de este hombre debería resultar repugnante".&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Al capitán le faltaba el ojo izquierdo y tenía la mitad de la cara quemada. En un análisis más complejo, determinó que no sólo tenía una importante fractura en el lóbulo frontal derecho sino también la espina dorsal completamente destrozada.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Plasmatrón extrajo una pequeña aguja y la introdujo en el lagrimal del ojo sano. Un líquido del color de la orina cabalgó directamente hacia el cerebro y en menos de tres segundos surtió efecto.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El Capitán Harlan abrió su único ojo y contempló a la máquina.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;—¡Lo saludo, Capitán Harlan! Unidad de rastreo y mensajería Clase B reportándose. El Coronel Marcus le solicita que reúna a sus hombres de inmediato y los mueva hasta el distrito al otro lado del río. Repito. Debe usted reunir a sus hombres y retirarlos de inmediato de este punto. Mensaje terminado. Unidad Clase B permanece a la espera de respuesta.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Harlan gritó y cuando lo hizo, de su boca cayeron cientos de gusanos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-8754546875636009540?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/8754546875636009540/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=8754546875636009540&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/8754546875636009540'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/8754546875636009540'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/zombie-responde-ordeno-el-plasmatron.html' title='¡ZOMBIE, RESPONDE!, ORDENÓ EL PLASMATRÓN'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-6400612183411170542</id><published>2011-09-01T06:31:00.001-07:00</published><updated>2011-09-01T06:31:47.828-07:00</updated><title type='text'>El Recipiente</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #fafcfc; color: #333333; font-size: 18px; line-height: 23px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;En este jardín ¡Un siglo de hojas muertas!&lt;/div&gt;&lt;div align="right" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;i style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;Matsuo Basho&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;En esa penumbra granulosa que flotaba en el aire del monte, un hombre se arrastraba con el cuerpo entrelazado a las raíces húmedas como un animal moribundo. Tenía en la parte superior de su abdomen una desgarradura en forma de medialuna, y se sostenía con una mano la pulpa caliente de sus tripas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Echó un rápido vistazo y se le escapó una queja. Se moriría, eso era ya una certeza. Pero no lo haría en ese lugar. No se dejaría cazar fácilmente. Apretó los dientes y se arrastró unos metros a través de una charca de lirios, dejando un rastro de sangre y barro tras de sí. El trayecto le pareció extenuante. Luego se acomodó lo mejor que pudo, con la espalda contra el tronco de un árbol, y apoyó el mentón en el pecho para recobrar el aliento. Había perdido una bota en el trajín desde el recodo del río hasta aquí. Se observó el pie desnudo y le resultó ajeno y fuera de lugar entre la maleza.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;No le temía a la muerte. No a la muerte como representación del final de todas las cosas o la contrapartida de su voluntad y las causas que podrían afectarla, del destino o el azar o las circunstancias. Pero sí le temía al deterioro de la realidad. Había cierta obscenidad en ello, como si esa mutación lo dejase desnudo frente al universo. Ahora tenía que lidiar no sólo con una herida mortal sino con la sensación de estar volviéndose loco.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Además, esa ruptura a la que él temía no estaba en el reino de la muerte. Y su contemplación era ofensiva, y su proximidad paralizante. Levantó el rostro hacia la cúpula verde de los árboles y la vio nuevamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Encaramada sobre las ramas de un viejo sauce, lo estudiaba. Los ojos acuosos sin parpadeos. El hocico, o lo que fuera aquella cosa negra y retorcida, apuntándole como un muñón acusador. Si hubiera tenido fuerzas, o valentía, le hubiera gritado que se fuera. Hubiera intentado espantarlo como se espanta a una alimaña. Pero apenas podía sostenerle la mirada. En cierta forma reconocía un destello de inteligencia en esas cuencas veladas, y ese pensamiento lo aterraba. Como para corroborar la idea, aquello gesticuló y emitió un sonido bajo y profundo, como advertencia. Luego, con una serie de movimientos pulcros y repugnantes, descendió por el tronco del sauce sujetándose con las patas hasta quedar con la cabeza hacia abajo. Giró la confusa masa de su cuerpo en un ángulo imposible y volvió a posar aquellos terribles ojos en él.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El hombre no consiguió rezar. Un zumbido empezó a llenar sus oídos, no supo si provenía de su propia cabeza o de aquella pesadilla que se acercaba para culminar su trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Con la mano derecha se palpó torpemente la cintura, con dedos temblorosos acarició el mango de hueso, desabrochó la funda y extrajo el cuchillo de cacería. Debería ser lo último que hiciera, un arco firme y directo a la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El zumbido se acrecentaba, una nota grave y sostenida que parecía vibrar en todas las dimensiones. Lo sintió en los huesos, en las raíces negras de sus muelas, en la punta de las uñas. Era una nube palpable y elástica que penetraba en las cortezas de los árboles y trepaba hacia lo alto en forma de savia, se hundía en la tierra mojada y surgía como un vaho y lastimaba los oídos y el espíritu mismo de la espesura. El monte se había vuelto silencioso en contraste, apagado, enfermo, mortecino. El monte era ya otra cosa, una madriguera que albergaba a ese parásito bíblico.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—No esperes más —dijo el hombre. Presentía la proximidad de la muerte como una maquinaria que se había desencadenado. Se dijo, a pesar del miedo, que no quería acercarse al borde de su vida sin decidir nada—. ¡Te estoy esperando!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Aquello se desprendió del tronco y cayó sobre sus seis patas con un golpe sordo. De su caparazón se desplegó una membrana traslúcida que arrojó vetas de luz iridiscente. Como si fuera el párpado de algún Dios tremendo, la membrana se abrió y se dividió en dos partes, formando unas espléndidas alas. El hombre tardó varios segundos en comprender lo que veía, las alas se agitaron brevemente y luego casi desaparecieron al cobrar velocidad. El ruido que emitían era un rapidísimo&amp;nbsp;&lt;i style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;flapflap&amp;nbsp;&lt;/i&gt;que al mezclarse con el otro zumbido, producían un efecto hipnótico.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;La mano del hombre se cerró sobre el mango del cuchillo. Ya no había nada, salvo su corazón golpeando a todo tambor y la voluntad que a duras penas se imponía sobre sus nervios. Se dio ánimo diciéndose que tenía la oportunidad de luchar. No quería morir como un ciervo manso y resignado.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—Pero…&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Pero el ataque llegó como un fogonazo, el zigzagueo blanco y eléctrico de un rayo, y después, el tiempo volvió a su cauce normal, dejándole burlado. Su mano no había conseguido alzarse siquiera, sus dedos habían sido lentos; su fuerza, irrisoria.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El horror había volado hacia él a una velocidad incalculable. Una pata se había cerrado sobre su brazo, inmovilizando el arma. La otra, atenazándole el cuello, apenas lo dejaba respirar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Ahora el zumbido llenaba todos los espacios y el hombre se entregó a él. Su mano soltó el cuchillo y quedó con la palma hacia arriba, inerte y vencida.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;La monstruosa cabeza se acercó y abrió las fauces. Desde ese agujero sin nombre surgió una trompa rosada surcada de venas, similar a un molusco o al falo de un animal. La cabeza de la bestia parecía mutar ante sus ojos: con una fuerza mecánica, presionó las garras contra su cuello y con unas afiladas púas cortó, a ambos lados de la cara, los dos trigéminos. El hombre gritó, se retorció intentando zafarse, pero estaba atrapado. Las púas se introdujeron en su carne y buscaron el hueso, después, a modo de palanca, lo obligaron a abrir la boca. Dejó caer gruesas lágrimas, pero ya no volvió a gritar.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;La bestia se acercó aún más y torció su cabeza para evaluarlo de cerca. Lo obligó a girar el cuello hacia la izquierda, y en ese momento el hombre pudo ver, a pocos centímetros, un segundo grupo de ojos facetados que se extendían y colgaban por debajo de las mandíbulas como racimos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Fue entonces cuando decidió que ya había visto suficiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Tragó el líquido y lo sintió bajar por su garganta, denso como un jarabe. De inmediato, lo embargó una extraña tranquilidad. Un hormigueo eléctrico avanzó por su cuerpo, adormeciéndole los miembros primero y paralizándolos después.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Se quedó inmóvil, envuelto en una ponzoñosa duermevela, oyendo sus propios quejidos desde muy lejos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Lo último que sintió fue la intrusión en la herida de su abdomen, un fuerte ardor y la sensación no del todo desagradable de estar siendo cauterizado por manos expertas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" height="220" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; width: 240px;"&gt;&lt;tbody style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;tr style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;td align="middle" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;table align="right" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; width: 200px;"&gt;&lt;tbody style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;tr style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;td align="center" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/216/cuento3ilus1.htm" style="color: #2e8fc6; font-weight: bold; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://axxoncienciaficcion.com.ar/img11/216cuento3ilus1ch.jpg" style="border-bottom-style: none; border-color: initial; border-left-style: none; border-right-style: none; border-top-style: none; border-width: initial; float: left; height: auto; margin-bottom: 3px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; margin-top: 3px; max-width: 648px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;" title="clic para ampliar" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;" /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma; font-size: xx-small; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;Ilustración: Guillermo Vidal&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El tiempo se desplegó como una sábana, abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba solo. Intentó incorporarse pero no logró mover las piernas. Su cuerpo estaba torpe y pesado. Así y todo, había salvado su vida. O mejor dicho, se la habían perdonado.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Una mueca de sonrisa se derrumbó en su cara lastimada.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Al cabo de unos minutos sintió náuseas y fiebre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El sol de otoño estaba cayendo por encima de las copas de los árboles y, en esa luz que se filtraba por las apretujadas ramas, se dibujó sobre su vientre hinchado un movimiento escurridizo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El hombre bajo la cabeza y se miró el estómago. A través de la carne tumefacta, vio enormes larvas que se retorcían perezosas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-6400612183411170542?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/6400612183411170542/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=6400612183411170542&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/6400612183411170542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/6400612183411170542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/el-recipiente.html' title='El Recipiente'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-3644035252515923842</id><published>2011-09-01T06:28:00.001-07:00</published><updated>2011-09-01T06:28:20.649-07:00</updated><title type='text'>Los Juguetes de Gaumont</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #fafcfc; color: #333333; font-size: 18px; line-height: 23px;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Odiamos a Padre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Padre tiene un instrumento de tortura medieval escondido en el sótano de nuestra casa. Se trata de un viejo artilugio de madera que se parece bastante a un asiento de dentista, pero que además está lleno de poleas, ganchos y abrazaderas de hierro. De los extremos del aparato cuelgan unas cintas de cuero que sirven para sujetar un cuerpo por las muñecas y tobillos y forzarlo a las posiciones más increíbles que se te puedan ocurrir.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Mis hermanos y yo lo apodamos “El Predicador” y, por supuesto, le tenemos el suficiente respeto como para no acercarnos demasiado. Cuando uno se detiene a contemplar al Predicador es fácil imaginarlo en su época de mayor esplendor, haciendo el trabajo sucio. Trasformando a sus víctimas en sanguinolentos despojos, con la carne amoratada, la piel sucia y atravesada por ríos de sudor y los rostros desfigurados por la agonía.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Además, El Predicador está embrujado. A ciertas horas de la noche, si uno afina el oído, se pueden escuchar las voces. A veces, sólo son susurros disfrazados entre los ruidos del bosque, pero en ocasiones son gritos atronadores. Aullidos de tormento, clamando a Dios o a Satanás, mientras el verdugo redobla la fuerza de su faena con torniquetes y palancas. Es algo que te crispa los nervios.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Conocemos bien a Padre y sabemos que el Predicador es su juguete secreto. Padre fue quien embrujó al Predicador y el Predicador fue quien embrujó a Padre.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Al principio, como con muchos otros objetos antiguos, se trató sólo de un capricho, una pequeña excentricidad de coleccionista, pero con el tiempo se convirtió en una obsesión. Como una criatura en cuarentena, comenzó a pasar cada vez más tiempo en el sótano, lo escuchábamos a través de la trampa de madera, rezando en voz alta una jerga absurda que nadie podía descifrar y que casi siempre era preludio de alguna crueldad nueva. Poco a poco el Predicador se fue erigiendo como la verdadera voz de la conciencia de Padre, y su locura fue creciendo hasta que fue demasiado tarde para todos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;La verdad es que no sólo odiamos a padre, lo aborrecemos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Pero él nos ha enseñado que el miedo es más fuerte que el odio. Él nos ha enseñado eso de muchas maneras distintas. Nos ha causado tanto daño, tanto dolor, que parece reservarnos con vida sólo para algún misterioso plan de dominación y tortura. Un verdugo cruel esperando el momento oportuno para mostrarnos la verdadera medida del dolor.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;table align="right" cellpadding="0" cellspacing="0" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; width: 240px;"&gt;&lt;tbody style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;tr style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;td align="middle" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;table align="right" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; width: 200px;"&gt;&lt;tbody style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;tr style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;td align="center" style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;&lt;a href="http://axxon.com.ar/rev/221/cuento11ilus1.htm" style="color: #2e8fc6; font-weight: bold; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-decoration: none;" target="_blank"&gt;&lt;img src="http://axxoncienciaficcion.com.ar/img11/221cuento11ilus1ch.jpg" style="border-bottom-style: none; border-color: initial; border-left-style: none; border-right-style: none; border-top-style: none; border-width: initial; float: left; height: auto; margin-bottom: 3px; margin-left: 0px; margin-right: 10px; margin-top: 3px; max-width: 648px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;" title="clic para ampliar" width="200" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;" /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, Helvetica, 'Microsoft Sans Serif', Tahoma; font-size: xx-small; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px;"&gt;Ilustración: Valeria Uccelli&lt;/span&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Estamos enfermos. Mis hermanos y yo. Padecemos una rara peste que nos afecta la piel y estamos pudriéndonos día a día.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Estamos tristes, desesperados, con miedo. Ayer fue un día espantoso; Clara fue castigada por quejarse de noche, entonces Padre perdió los estribos y la llevó al sótano. Luego la sujetó en El Predicador y tiró y tiró hasta que le arrancó una pata. El jirón de piel que la sostenía se estiró como si fuese un elástico. Clara gritó de dolor, luego lloró un poco, pero se compuso enseguida, después juró que nunca más volvería a llorar. ¡Jamás!&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;A mí lo que más me preocupa son estas costras, por las noches me pican como el diablo, pero Padre dijo que debía controlar el impulso de rascarme o me colgaría del techo. Yo sé que lo haría. Obedezco todo lo que puedo. Eso es fácil de día, pero por las noches cuando lo único que se puede hacer es pensar, yo tiemblo como una hoja tratando de no sentir la picazón. Casi siempre termino cediendo, acariciando los bordes de mis lastimaduras, mordiéndome los labios. Se siente un ardor desagradable pero después el alivio es tan intenso que vale la pena. Me rasco hasta sacarme los pedazos, sin importar lo que sobrevendrá. Rascarme significa liberarme, me hace olvidar de los malos episodios de la tarde, de la dura disciplina, de las duchas frías, de los golpes. Me pasa que cuando empiezo a rascarme no puedo detenerme, levanto los cascarones de sangre seca, los despego de mi cuerpo y los observo a contraluz, no sé si me siento feliz pero debe ser lo más cercano que se puede estar de serlo. Sé que a Padre no le va a gustar nada. Me llevo una cáscara a la boca y la mastico satisfecho, paladeo mi propia sangre seca y sonrío. Antes de dormirme puedo sentir las telas húmedas pegoteándose a mi cuerpo, la sangre nueva que mañana volverá a ser costra y renovará el ciclo de castigos y así.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Esta mañana las cosas tomaron un rumbo diferente, apenas había despertado cuando escuché un fuerte portazo dentro de la casa, luego la voz de Padre se elevó en un rugido que me hizo temer lo peor. Había otras personas con él, dos voces desconocidas que discutían entre ellas. Miré a mis hermanos y los vi a todos ellos acurrucados en un rincón del cuarto, cada uno con sus ocho ojos negros abiertos de par en par.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¡Viene por nosotros, Caín! ¡Viene por nosotros y nos va a matar a todos!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¡Ssssshhhh!… eso no va a pasar —dije.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¿Qué te hace pensar que no? El tipo de la feria le dijo a Padre que no podía presentarnos en público, que éramos una aberración. ¡No quiso saber nada con nosotros! Y ayer vi cómo Padre cargaba la escopeta y la escondía en el armario.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Frustrado, miré a los demás, la Tarántula estaba aterrada, el olor que manaba de ella era nauseabundo, trepó por la pared y trató de arrancar algunas tablas flojas del techo, sus patas delanteras se movían frenéticamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El Pardo trepó y se acercó a la Tarántula con ese lento andar que lo caracterizaba, su cefalotórax temblaba y se agitaba en pequeños espasmos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—No podemos escapar por ahí, hermana. La única salida es por la puerta. Si no lo enfrentamos ahora, va a ser nuestro fin.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—Tiene razón, Caín. ¡Tenemos que pensar rápido! —Clara se refregó la cabeza con dos patas peludas.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Las voces de los intrusos sonaban en el corredor, pero Padre aún estaba en la sala, lo oíamos revolviendo los muebles y dando portazos mientras murmuraba juramentos y maldiciones. Se oyeron ruidos de vidrios rotos contra el piso de madera.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Viuda me miró con su media cara humana.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¿Qué podemos hacer?&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;No llegué a contestarle, los dos desconocidos estaban frente a la puerta de nuestra madriguera. Sus palabras se oían nerviosas y entrecortadas, como pistoletazos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¿Será cierto lo que dicen en el pueblo? ¿Qué se parecen más a insectos que a personas? Mi abuela me contaba esas historias cuando era chico. Para que obedeciera. Me decía: “Tené mucho cuidado, Tavito, porque te van a agarrar las arañas del viejo Gaumont y te van a chupar la savia como si fueras un grillo”.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;—¿Y cómo carajo voy a saberlo? Jamás los vi. Ahora, dejá de hablar pavadas y cubrime la espalda que voy a echar un vistazo. ¡Sacale el seguro te digo, pedazo de idiota!&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;El picaporte giró y cuando se abrió la puerta vimos que una cabeza se asomaba con cautela. El desconocido se quedó un segundo entornando los ojos para escrutar en la penumbra, y por suerte eso fue todo lo que necesitó Clara para decidirse. Repentinamente, saltó encima del ángulo de la puerta, se sujetó con las patas traseras y colgó cabeza abajo hasta que su rostro quedó justo enfrente del rostro del extraño. No le dio tiempo a gritar, sus colmillos inyectaron el veneno suficiente como para aniquilar a un potrillo. El hombre largó una especie de queja y se desplomó con los ojos desorbitados.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Nos precipitamos al pasillo sin pensarlo dos veces, la Tarántula y Clara arrastrándose por el techo, el Pardo y Viuda por las paredes, yo por el suelo. El segundo hombre nos vio y permaneció con la espalda pegada al empapelado como si quisiera fundirse con la casa. Tenía un arma en sus manos pero apuntaba hacia abajo, su mirada estaba desenfocada y un hilo de saliva le caía desde la boca. Cuando pasamos frente a él nos dimos cuenta de que se había meado en los pantalones.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Antes de llegar a la sala, la figura de Padre se atravesó en mitad del pasillo y nos cortó el paso. Nos encañonaba con una escopeta de grueso calibre y tenía un fuego de odio en los ojos que no le habíamos visto nunca antes. Nos detuvimos en seco, sin saber qué hacer ni para dónde escapar. Padre siseó un insulto a través de los dientes y, seguidamente, disparó contra nosotros. El Pardo chilló y se desprendió de la pared, cayó al piso con un golpe sordo, con el cuerpo humeando. Una sustancia blancuzca empezó a manar de la herida, se acurrucó a mi lado y agitó dos o tres veces sus largas y peludas patas en rápidas convulsiones. Su muerte fue piadosa.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Ante la muerte de nuestro hermano enloquecimos todos. Sin pensar en lo que estábamos haciendo, nos abalanzamos contra Padre aullando como monstruos. En realidad, fue bastante fácil derribarlo, Viuda fue la primera en caer sobre él y la primera en picarlo, no una dosis fatal, sólo lo necesario para dejarlo fuera de combate. La ponzoña de una viuda negra es la cosa más terrible que puede existir, cuando el veneno entra en el cuerpo provoca espantosos dolores, y luego el infectado pierde la conciencia, penetra en un oscuro sopor nublado de pesadillas que lo atormentan sin tregua. La supervivencia dependerá de la cantidad de toxina inoculada y de la fortaleza de la víctima.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Cuando salimos de la casa nos azotó la claridad. Debíamos encontrar un refugio de aquella inconcebible fuente de luz que colgaba del cielo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Siempre fuimos seres lucífugos.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;No fue fácil arrastrar el pesado cuerpo de Padre a lo largo del pueblo, en medio de tanta luz y personas extrañas que gritaban y corrían en todas direcciones.&lt;/div&gt;&lt;div class="bl" style="color: white; font-size: 4px; line-height: 4px; margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="pri" style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 0em;"&gt;Cerca del mediodía la Tarántula encontró lo que estábamos buscando, un viejo puente abandonado en medio de una zona boscosa. Un lugar hermoso y tranquilo. Decidimos quedarnos un tiempo debajo del puente hasta que las cosas en el pueblo se tranquilicen.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Por primera vez en toda nuestra miserable existencia tenemos una esperanza, y vamos a defenderla hasta las últimas consecuencias.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Por el momento no nos preocupamos por conseguir alimentos. Padre cuelga como un péndulo de las vigas del puente. Se ve algo estropeado y reseco pero todavía le queda algo de jugo.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-top: 5px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; padding-right: 0px; padding-top: 0px; text-indent: 2em;"&gt;Ya veremos qué hacer cuando comencemos a sentir hambre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-3644035252515923842?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/3644035252515923842/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=3644035252515923842&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/3644035252515923842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/3644035252515923842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2011/09/los-juguetes-de-gaumont.html' title='Los Juguetes de Gaumont'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-3775529133568460809</id><published>2008-04-22T10:10:00.000-07:00</published><updated>2008-04-22T10:14:52.095-07:00</updated><title type='text'>El Vampiro de la torre Eiffel</title><content type='html'>Se hacía llamar Paulo y era un bicho gordo y perverso venido de las marañas más oscuras de Brasil.&lt;br /&gt;Instalado en París desde comienzos de siglo XVIII, sus ojos de boa constrictora habían visto el crecimiento y consolidación de la&lt;br /&gt;urbe prácticamente desde sus cimientos. Conocía con lujo de detalle cada esquina y cada callejón, cada plaza y cada café. Como&lt;br /&gt;si fuera su mano quien los hubiera trazado, los recovecos de la ciudad eran suyos.&lt;br /&gt;Paulo lo veía todo, desde los dibujos de las sombras en el empedrado húmedo, hasta los más pequeños matices de polvo acumulado en los viejas figuras ornamentales.&lt;br /&gt;París, la oscura y misteriosa, no tenía secretos para él.&lt;br /&gt;Hechicero único en su clase, Paulo había introducido cambios en las artes mágicas africanas que se practicaban en Francia desde hacía más de dos siglos, su escuela tenía raíces más negras y profundas incluso, que las originales. Por lo tanto, la magia que practicaba el Vampiro Padre siempre funcionaba.&lt;br /&gt;Contaba con una decena de discípulos, todos ellos humanos que había cosechado a lo largo de generaciones, a quienes usaba para ejecutar diversas tareas y a quienes rara vez frecuentaba. Estas personas sin embargo, lo veneraban y le rendían culto como a un Dios viviente. Ellos eran la extensión humana del vampiro para, llegado el caso, cumplir las órdenes más insólitas.&lt;br /&gt;Paulo se valía de sus conocimientos para seleccionar a sus presas. Era capaz de soportar días enteros sin alimentarse, hasta que el frenesí se apoderaba de el. Un instinto lupino que lo dejaba en trance mientras algo en su interior se convulsionaba, como si despertase en su propio cuerpo una entidad nueva y hambrienta. Entonces, se le dilataban las fosas nasales y el podía olfatear&lt;br /&gt;a los elegidos ( siempre especiales, siempre unos pocos entre miles ) sin importar a que distancia se encontrasen. Una vez seleccionada la víctima, el vampiro iniciaba la búsqueda y no cejaba por ningún motivo, incluso si la empresa le tomaba días, se volvía un cazador implacable y usaba toda su astucia y ferocidad con el fin de alcanzar su alimento.&lt;br /&gt;Solo dos veces a lo largo de su inabarcable existencia Paulo había estado a punto de morir. La primera había sido muchísimos años atrás, en el corazón de la selva amazónica. Su máscara tutora lo había dejado al cuidado de un jefe chaman a fin de fortalecerlo espiritualmente. Pero el chaman resultó ser débil y una noche fue poseído por un espíritu mayor.&lt;br /&gt;Un Diablo hembra que mató el alma del chamán y usó su cuerpo para engañar al vampiro. Paulo era entonces una criatura joven, y fue fácilmente presa de sus ardides y tejedurías. Al tercer día logró romper el cerrojo psíquico y logró escapar, emponzoñado y débil, arrastrándose por la jungla inmunda y soportando una agonía que lo acompañó durante semanas. El brazo derecho le había quedado atrofiado por efecto del veneno y no se recuperó hasta varios años después, cuando sus conocimientos en hechicería le dieron habilidad para regenerar sus tejidos. Durante todo ese tiempo el vampiro esperó pacientemente, recuperando su energía vital y alimentando su furia. Cuando se sintió preparado volvió en busca de su enemigo.&lt;br /&gt;-Lucharon en cuerpo y alma como dos insectos mortíferos y en la vastedad de su odio, el tiempo fue como un lento coágulo de sangre.&lt;br /&gt;Al final del duelo, Paulo aplastó al demonio y se llevó consigo sus dientes a modo de amuleto y su fuerza a modo de trofeo.&lt;br /&gt;La segunda ocasión en que Paulo estuvo a punto de morir fue cuando Celestine le negó su corazón.&lt;br /&gt;Esa misma noche, abrumado por un dolor desgarrador, el vampiro se encaramó en la parte más alta de la torre Eiffel y contempló largamente las estrellas, los serpenteos del Sena, las luces brillantes de la ciudad madre. Observó los signos del transcurrir humano y en contexto le pareció algo tan ajeno e inalcanzable como las estrellas mismas.&lt;br /&gt;Sentado sobre el borde de la estructura sus pies acariciaron el vacío y por un momento, la idea de dejarse caer le pareció más que interesante. Para que seguir arrastrándose por el mundo? Se preguntó. Que sentido tenía seguir de polizón en un mundo que le negaba todo, que lo rechazaba continuamente, que se sentía repelido ante su simple presencia?. Su propia muerte nunca le había resultado tan atrayente como hasta ahora.&lt;br /&gt;El vampiro tomó una resolución. Se incorporó sobre una gruesa viga de hierro, llenó su pecho de aire y cerró los ojos.&lt;br /&gt;Antes de saltar, con toda la fuerza de su concentración mágica, lanzó al éter una descarga de energía poderosísima.&lt;br /&gt;No me olvides al menos, Celestine. Por favor, no me olvides.&lt;br /&gt;La caída fue rápida y hasta cierto punto, fácil.&lt;br /&gt;Su cuerpo se estrelló contra el suelo y se hizo pedazos.&lt;br /&gt;Pero no murió.&lt;br /&gt;En algún punto del tiempo y el espacio despertó hecho una carnicería en un cuarto blanco y estéril. Lo que quedaba de sus retorcidas extremidades estaban amarradas con cuero y cadenas a una camilla de acero empotrada en una pared de concreto.&lt;br /&gt;Desde el cielorraso, tres poderosos focos de equipamiento quirúrgico lo alumbraban sin piedad.&lt;br /&gt;Intentó hablar pero solo consiguió emitir un débil gruñido.&lt;br /&gt;El dolor lo era todo.&lt;br /&gt;- Tranquilo. Es inútil que se esfuerce - Le respondió una voz a través de un pequeño altoparlante.&lt;br /&gt;- No sabemos quien es usted, pero sabemos Que es usted. Usted es la respuesta de Dios a dos mil años de interrogantes científicas -&lt;br /&gt;Amargamente, Paulo entendió el resto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-3775529133568460809?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/3775529133568460809/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=3775529133568460809&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/3775529133568460809'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/3775529133568460809'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2008/04/el-vampiro-de-la-torre-eiffel.html' title='El Vampiro de la torre Eiffel'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-4225323062618039295</id><published>2007-05-21T12:07:00.000-07:00</published><updated>2011-09-01T07:28:44.762-07:00</updated><title type='text'>Carroña</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlH0a6B1sAI/AAAAAAAAAWE/WJB-g_Se6ak/s1600-h/tower_of_devils_web2.jpg" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img alt="" border="0" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067099798859264002" src="http://4.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlH0a6B1sAI/AAAAAAAAAWE/WJB-g_Se6ak/s400/tower_of_devils_web2.jpg" style="display: block; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; margin-right: auto; margin-top: 0px; text-align: center;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="background-color: #d7d4dd;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;El animal se aleja de su dueño para evitarle la fea imagen de su muerte.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Débil y jadeante, cruza calles y veredas hasta dar con un terreno baldío. La dolorosa conciencia de su final ya ha ocupado todo el espacio de su instinto y la pobre bestia se abre camino por enredados pastizales en busca de un refugio para morir en paz.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Al cabo de un momento alcanza la sombra húmeda de una arboleda. Con sus últimas fuerzas olfatea algo parecido a un nido formado por las raíces de un tronco caído y un colchón de hojas secas. Entonces, al fin, se deja caer de costado, con la lengua colgando entre jadeos a causa del esfuerzo y los ojos vidriosos y entornados por la fiebre.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cuarenta minutos más tarde, muere.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Luego pasan las horas del atardecer, lentas y perezosas, el viento arrastra las hojas y todo lo que predomina es un silencio engañoso y el lejano parpadeo de las cosas habituales. Por la noche llueve, las gotas frías empapan el pelaje, golpetean sobre las costillas inmóviles con un sonido hueco y leve. Por encima del cuerpo las ramas se agitan y susurran en su propia lengua.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Cuando pasa la tormenta ya casi amanece, tímidos destellos de vida comienzan su rutina. El trinar de pájaros ocultos en lo alto y el nervioso correteo de dos ratones de campo. Su curiosidad los anima a un olfateo rápido y la posterior huida. Por la tarde una babosa emprende su lentísimo reptar desde el extremo de la raíz del álamo, describe una medialuna plateada por la corteza y de allí pasa a la superficie del hocico. La textura del pelo apelmazado entorpece su recorrido pero no la detiene, se arrastra por el cuello, desciende por el lomo y de allí de nuevo al alivio de la tierra.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Los días pasan y la degradación natural comienza a avanzar. Soles y lunas filtran sus rayos por entre la arboleda y dibujan intrincados mandalas sobre el cuerpo. De forma lenta pero inexorable, el movimiento vuelve al animal, delicadamente. Primero la hinchazón en el vientre, donde los gases comienzan a fermentar y buscar salida. Luego el proceso de rigidez, que poco a poco estira y endereza las patas de manera que los cuartos traseros quedan casi apuntando hacia el cielo. Todo alrededor es una danza en la que muchos participan, pero que nadie en particular observa, y así es como la podredumbre da sus primeros pasos. Las moscas descubren el cuerpo y poco a poco comienzan su actividad. Llegará un momento en que todo se volverá nube y zumbido febril. Depositan sus huevos en las zonas más blandas, donde la temperatura de la descomposición ayuda a madurar a las larvas y sus tejidos les sirven de alimento.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Al finalizar el séptimo día, el vientre revienta y cientos de gusanos caen sobre la tierra. La fetidez ha alcanzado su punto máximo y muchos olfatos perciben la información. Por la noche, pequeños depredadores se aproximan y mordisquean los restos. Ninguno se lleva un botín importante.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Durante esos días no hay alma que emigre del cuerpo hacia ningún sitio. Ningún espíritu o chispa que se aleje del cuerpo en busca de un lugar etéreo, mejor o peor.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Ningún milagro invisible.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;Nada de lo que se supone comúnmente en estos casos, pero en cambio...&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El primer sentido que vuelve a él es el olfato. Un rastro, débil al principio, se incrementa despacio hasta alcanzar su plena función, y lo que cobra sentido es su propia condición de carroña y el horror de lo que eso significa.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Los miembros recuperan cierta flexión, hay un tic: una oreja intenta el movimiento de espantar las moscas.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;La respiración afiebrada y burbujeante se intensifica.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El miedo. El miedo que es negro y profundo como la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Dolor y confusión son la misma cosa. Todo se convierte en una mancha sin sentido.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Intenta incorporarse y falla. El movimiento arroja larvas que se retuercen fuera de su huésped.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Un solo ojo se abre como una pulpa pegajosa y la luz del crepúsculo lo lastima.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;El perro se pone de pie. La lengua negra colgando como una media sucia.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Entonces, en medio de la pesadilla de su situación imposible, un solo impulso vuelve a él como el único acto sensato.&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Un destello que podría ser la sombra de la sombra de una esperanza:&lt;/div&gt;&lt;div style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 3em;"&gt;Volver a casa. Volver a los dulces brazos de su dueño. Aquel que lo alimentó y le otorgó techo y un nombre.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="pri" style="padding-bottom: 2px; padding-left: 2px; padding-right: 2px; padding-top: 2px; text-align: justify; text-indent: 0em;"&gt;Y así es como en medio de un silencio perturbador, con vergüenza y dolor, Lázaro emprende el lento retorno a su hogar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlH0SKB1r_I/AAAAAAAAAV8/6h33BJN1dzk/s1600-h/tower_of_devils_web2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-4225323062618039295?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/4225323062618039295/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=4225323062618039295&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/4225323062618039295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/4225323062618039295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2007/05/carroa.html' title='Carroña'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlH0a6B1sAI/AAAAAAAAAWE/WJB-g_Se6ak/s72-c/tower_of_devils_web2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-4238683190023887134</id><published>2007-05-21T11:37:00.000-07:00</published><updated>2008-12-09T22:12:58.257-08:00</updated><title type='text'>El dedo acusador</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlHrEKB1r-I/AAAAAAAAAV0/8RMIvSmfzZA/s1600-h/Karsten+Schreurs-priest.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5067089512412590050" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlHrEKB1r-I/AAAAAAAAAV0/8RMIvSmfzZA/s320/Karsten+Schreurs-priest.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El Santo Inquisidor impartió la orden y pateamos la puerta al unísono. Las tablas cedieron con un desagradable sonido, un crujido sordo, como si fueran huesos podridos en vez de madera. Entramos. La luz mortecina del atardecer reveló una atmósfera polvorienta. Suciedad. Aún en la penumbra, el recinto era un caos. Nos abrimos paso con torpeza, el herrero llevaba un estilete en una mano y un pesado espadón de carnicero en la otra. Yo llevaba un hacha de dos filos, pero aún así los dos respirábamos con dificultad. Afuera, en el claro húmedo cada vez más opresivo, cuatro hombres aguardaban pálidos y silenciosos.&lt;br /&gt;-Ahí - Dijo el Santo Inquisidor.&lt;br /&gt;Con un nudo en la garganta miramos en la dirección que señalaba su dedo. De la gruesa viga que atravezaba la cocina, un pellejo sin curtir se balanceaba como un péndulo. Todavía en ciertos lugares quedaban restos de carne y las moscas zumbaban alrededor como como si fueran abejas en un panal. A los pies del maltratado cuero, pedazos de carne y vísceras formaban una pila grotesca.&lt;br /&gt;La reconocí por el pelo.&lt;br /&gt;- In nomine patri..-&lt;br /&gt;Dulce y frágil inocente. Dios era un monstruo cruel.&lt;br /&gt;- et filii...-&lt;br /&gt;Su rostro era el más amado entre nosotros.&lt;br /&gt;- et spiriti sanctum...El herrero abrió la boca y se mordió el puño. De su garganta brotó un gemido grave y profundo.Di dos pasos con suma lentitud, como un hombre al que han golpeado fuertemente en la cabeza. Entonces tuve el reflejo de salir huyendo, y lo hubiera hecho sin dudar, pero algo me detuvo.Por el rabillo del ojo, apenas perceptible, entendí el movimiento de dos capas de sombra.&lt;br /&gt;Giré sobre mis talones muy despacio, oyendo incluso como el Santo Inquisidor continuaba su diatriba pero con la mente lejos de él, me convertí en un autómata. Los ojos guiaban al cuerpo. Los ojos listos para enfrentarse con algo que la conciencia no podría combatir. Lo sabía.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y así fue.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el ángulo más oscuro de la cabaña, pegada a la pared como un insecto horrible, la bruja nos observaba en silencio. Al notar la contracción de mi cara sonrió sibilinamente y me enseñó una hilera de dientes negros y podridos. Desde su interior brotó un maullido de gato a modo de advertencia. Después, sin previo aviso, se levantó la falda de su roñoso vestido y me enseñó sus piernas, los muslos eran negros como la brea y terminaban en dos puntas articuladas como las patas de una cucaracha. Las púas que sobresalían de sus patas parecían arpones y se clavaban en la madera para sostener el peso a dos metros del entablado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A mis espaldas el Inquisidor cayó de rodillas y rompió en llanto, el herrero dejó caer sus armas.&lt;br /&gt;- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué de esa manera? Por el amor de Dios- Jamás supe como logré articular enfrente de aquel engendro que me congelaba la sangre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La bruja amplió su sonrisa hasta desaparecer de su rostro cualquier apariencia humana.&lt;br /&gt;- ¿El amor de Dios? No sé nada de eso, para mi ustedes son solo carne y yo necesitaba alimentar a mi bebé-&lt;br /&gt;Nos enseñó un vientre hinchado de parturienta, la piel estirada y traslúcida, y dentro de ella, el movimiento viscoso de unos tentáculos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El inquisidor y el herrero quedaron paralizados. Luego entendí que habían perdido la razón. Retrocedí y los arrastré hasta el claro donde nuestros hombres de apoyo se habían esfumado al escuchar los gritos. Y en todo momento la carcajada del demonio nos persiguió. Nos persiguió por el bosque, y por el sendero del arroyo, y nos persiguió hasta nuestras camas, donde nos ocultamos y lloramos y rezamos, y nos persiguió a lo largo de los días y de los años. Incluso ahora, en la misma vejez cuando ésta historia ya gastada ha perdido todo su color, incluso ahora, cuando el dolor por mi niña perdida me impide dormir, miro en dirección al bosque y tiemblo ante el recuerdo de ese sonido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-4238683190023887134?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/4238683190023887134/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=4238683190023887134&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/4238683190023887134'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/4238683190023887134'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2007/05/el-santo-inquisidor-imparti-la-orden-y.html' title='El dedo acusador'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_74-oT8vbBxM/RlHrEKB1r-I/AAAAAAAAAV0/8RMIvSmfzZA/s72-c/Karsten+Schreurs-priest.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-114710845755638399</id><published>2006-05-08T10:12:00.000-07:00</published><updated>2006-05-16T05:47:35.356-07:00</updated><title type='text'>Relatos de la espiral descendente</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/hr10034764.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/hr10034764.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ruleta Rusa&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jao terminó de masturbarse y se limpió la pija con el mantel, luego largó un ronco y gorgoteante gemido, manoteó el atado de cigarrillos y le sonrió a Marina como pidiendo disculpas.&lt;br /&gt;--- ¿Me das fuego bombón?---&lt;br /&gt;Marina le alcanzó el encendedor sin prestarle demasiada atención, estaba concentrada en la casita de cartas de tarot que ya ostentaba la marca de cinco pisos delante de las habilidosas manos del fantasma.&lt;br /&gt;Yo los miraba y me daba cuenta de lo mucho que me aburrían, me hubiera gustado proponer una caminata nocturna por el barrio, un paseo largo como para renovar el aire de encierro que se respiraba entre esas cuatro paredes, y tal vez también para librarme de la opresión que me cerraba el pecho. Pero no dije nada. Me hubieran tildado de cobarde y no quería dar explicaciones al respecto.&lt;br /&gt;Me puse a hacer zapping en la vieja tele sin volumen, doscientos treinta canales y en ninguno había algo que valiera la pena, era una mierda. Dejé un documental sobre hormigas tropicales mientras esperaba mi turno. Le guiñé un ojo a Ceci que en ese momento se estaba escarbando la nariz con ganas. Ceci me sonrió, se sacó un moco de considerable tamaño y lo pegó en el borde de mi vaso de vino tinto. Me gustaba el estilo de esa putita roñosa. Había que reconocer que me ponía caliente.&lt;br /&gt;--- Vuelta a empezar --- Dijo Nico, y tosió a propósito sobre el castillo de cartas que tembló y se desmoronó maravillosamente.&lt;br /&gt;Todos rieron. Todos menos Marina y el fantasma.&lt;br /&gt;--- ¡Pará un poco, pelotudo!---&lt;br /&gt;Marina juntó las cartas desparramadas y se las devolvió al fantasma con solemne preocupación. Estaba claro que desde la noche del cumpleaños de Ceci, el fantasma se había ganado la simpatía de todas las chicas, sobre todo después de haber demostrado sus increíbles condiciones de médium. Si hubiese sido un poco menos idiota podría haberse cogido a cualquiera de las pendejas con solo desabrocharse el pantalón. Pero el tipo mantenía el perfil de caballero respetuoso y nunca se sobrepasaba con ninguna de ellas, para él era más importante mantener el aura de misterio que dar la nota. Y lo peor es que le salía bien al muy cabrón. Si alguien me pregunta, nunca supe exactamente lo que pasaba dentro de su cabeza. Tal vez era mejor así.&lt;br /&gt;El fantasma rechazó las cartas que le ofrecía Marina con un cortés movimiento de cabeza. Casi nunca decía nada. Yo no terminaba de entender en que momento se nos había colado en el grupo, pero coincidía con los chicos en algo, el tipo nos caía gordo, nos caía gordo y no le teníamos ni un poquito de cariño. Probablemente tenía que ver con la desconfianza que nos generaba su desagradable silencio.&lt;br /&gt;Encontré algunas respuestas en los ojos de ternera enamorada de Marina. Entonces era eso. Las chicas necesitaban un héroe, las chicas necesitaban un puto y caballeroso héroe que subiera la apuesta y no se babeara encima como un animal enjaulado, alguien que las hiciera sentir importantes en los momentos precisos, pero que también las ignorase con altura, alguien distante y cargado de secretos para tomarlo como un desafío y así competir entre ellas para seducirlo. Prendí un cigarrillo para distraer la idea de agarrarme a trompadas con el fantasma.&lt;br /&gt;--- Dale rata, te toca a vos --- Dreamhead le pasó el fierro al rata y le dió llama a un porro que tenía el tamaño de una salchicha casera.&lt;br /&gt;--- Esperá, primero quiero fumar --- Por muy extraño que resultara en nuestro ambiente, el rata estaba nervioso.&lt;br /&gt;--- Dale loco --- Lo apuró Jao.&lt;br /&gt;--- Quiero ver como te volás los sesos. Después si querés fumás ---&lt;br /&gt;--- Muy gracioso ---&lt;br /&gt;El único boludo que había festejado el chiste había sido yo. Después me di cuenta de que ya todos estaban jugando en serio otra vez. Nos pasaba a veces. Algo en la expresión de las caras cambiaba de lugar y reptaba de forma apenas perceptible, era la señal del trance melancólico que se propagaba en nosotros, o tal vez era locura, pura y simple locura. Me quedé mirando fijo al rata, esperando mi turno.&lt;br /&gt;--- Dejame elegir mi carta --- Dijo el rata, y se acarició la barbilla con la yema de los dedos.&lt;br /&gt;El fantasma mezcló el mazo a una velocidad inhumana y lo plantó frente a él.&lt;br /&gt;Antes de que el rata moviera siquiera un músculo, el fantasma tomó de nuevo el mazo y con un movimiento elegantísimo extendió los veintidós arcanos mayores en un abanico perfecto.&lt;br /&gt;--- Ésta --- Eligió el rata.&lt;br /&gt;El fantasma dio vuelta la carta.&lt;br /&gt;--- La rueda de la fortuna --- Dijo.&lt;br /&gt;--- La verdad es que tenés bastante ojete --- Observó Jao. Pero el rata no parecía muy feliz. Agarró el revolver y lo miró como si fuera un bicho repugnante.&lt;br /&gt;--- Tengo derecho a sacarle una bala, la rueda de la fortuna es una bala menos no? ---&lt;br /&gt;--- Si, si. A sacar una bala y a girar el tambor --- Afirmé en tono brusco. Me estaba empezando a fastidiar que se demorara tanto.&lt;br /&gt;El rata siguió mis indicaciones. Levantó el arma y se la apoyó en la sien. La mano le temblaba visiblemente mientras nosotros guardábamos silencio y esperábamos.&lt;br /&gt;El rata cerró los ojos y apretó el gatillo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Click.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;--- ¡Hijo de puta, que bien que zafaste!---&lt;br /&gt;Festejamos a los gritos mientras lo veíamos ponerse pálido de alivio. Yo era el siguiente, así que la risa me cosquilleó un poco en la boca del estómago.&lt;br /&gt;En ese momento Ceci se levantó de golpe y caminó hacia el dormitorio.&lt;br /&gt;--- Eh! A donde vas? --- Preguntó Nico.&lt;br /&gt;--- Voy a poner algo de música, como para que no nos caiga tan tétrico ---&lt;br /&gt;--- Poné el compact de Primus que te regalé para tu cumpleaños --- le gritó Jao y estaba por agregar algo más pero Nico le metió un puntapié en el tobillo.&lt;br /&gt;---¿Qué hacés hijo de puta? ---&lt;br /&gt;--- Ese compact se lo regalé yo, la concha de tu hermana ---&lt;br /&gt;--- Si boludo, pero vos no te la pudiste coger esa noche... jaaaja! ---&lt;br /&gt;--- Y vos tampoco pajero de mierda…creo que serías el último pedazo de carne que tocaría en mi vida --- Gritó Ceci desde la otra habitación.&lt;br /&gt;Jao se encogió de hombros y espero hasta que volviera para sacarle la lengua.&lt;br /&gt;--- Tu concha seca no me interesa. Preferiría cogerme una pasa de higo---&lt;br /&gt;--- Adorable, como siempre --- Terció Dreamhead.&lt;br /&gt;--- ¿Vos que te metés flaco? ---&lt;br /&gt;Desde el dormitorio estallaron unos acordes de guitarras distorsionadas y una voz gutural y cavernosa empezó a vociferar no sé que acerca del fin del mundo y la llegada de la era de Satán.&lt;br /&gt;--- ¿Qué carajo es eso? Parece una riña de políticos chiflados --- Dijo Marina.&lt;br /&gt;--- Se llama Morbid Angel, está bueno ¿no? ---&lt;br /&gt;--- ¡Por Dios! ---&lt;br /&gt;--- A mi me gusta --- Dijo Nico y aceptó el porro que le pasaba Dreamhead.&lt;br /&gt;--- Dame el chumbo, me toca a mí --- Yo estaba impaciente por terminar con la ronda de mierda. Después podría proponer sin culpas salir a dar una vuelta por ahí. Incluso la expectativa de alojar una bala en mi cabeza me resultaba absurda. Tenía necesidad de moverme, de escapar a cualquier otro lugar que no fuera ese cuarto asfixiante.&lt;br /&gt;Tomé el revolver y sin pensar en otra cosa apunté derecho a mi frente y apreté el gatillo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Click&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Nada. En los últimos fines de semana que nos habíamos reunido para jugar, el asunto había ido pasando de original y emocionante a una especie de rutina infantil, un ritual sin gracia ni significado.&lt;br /&gt;---Bueno, visto y considerando que…&lt;br /&gt;---No. Estás haciendo trampa loco,  se supone que tenés que hacer girar el tambor antes de tirar---&lt;br /&gt;La voz gangosa de Nico me tomó por sorpresa. Con la ansiedad por apurar los trámites no me había dado cuenta de respetar las reglas del juego.&lt;br /&gt;--- Si --- Apuntó Marina con enojo. ---El rata tiró con una sola bala porque le correspondía, no te hagás el boludo Peta, tenés que jugar en serio ---&lt;br /&gt;Los demás asintieron.&lt;br /&gt;El fantasma me sonrió con una de sus mejores sonrisas falsas y empezó a mezclar las cartas para mí. Sus manos eran envidiablemente habilidosas.&lt;br /&gt;--- Está bien. Está bien. No me gustaría que piensen que los quiero cagar. No soy esa clase de tipos ¿saben? Pero de todas maneras se pueden ir todos a la concha que los parió---&lt;br /&gt;Elegí una carta sin entusiasmo.&lt;br /&gt;El fantasma me miró como si supiera cosas decisivas acerca de mí. El muy hijo de puta.&lt;br /&gt;---La muerte --- Dijo, y me volvió a sonreír con esa mueca de hiena que yo tanto aborrecía.&lt;br /&gt;Me prometí en lo más profundo encontrármelo a solas y romperle bien la cabeza.&lt;br /&gt;---Esto comienza a ponerse tenso --- Comentó Ceci, sin dejar de sacarse los mocos.´&lt;br /&gt;Yo decidí tomármelo con calma. Agregué las balas que me correspondían hasta que en el tambor solo quedaron dos cámaras vacías. Dos sobre seis pensé mientras sopesaba mis razones. Todavía tengo chances.&lt;br /&gt;El rata siguió mis movimientos con una sincera expresión de pánico pintada en la jeta. Abrió la boca como para decir algo, pero luego pareció pensárselo bien y optó por quedarse callado.&lt;br /&gt;---Esto va a durar poco --- Dije haciendo alarde de un coraje que no sentía.&lt;br /&gt;Giré el tambor y destrabé el seguro.&lt;br /&gt;Cuando sentí la punta del cañón sobre mi sien, un súbito pensamiento me despojó de toda incertidumbre. Habíamos cruzado la línea. La noche estaba cargada de tragedia y nos respiraba encima, nosotros la habíamos desafiado. Una sombra más negra que la oscuridad del cielo se posó sobre el techo de la casa como un pájaro gigantesco. No habría ningún lugar seguro donde ir después de esto. Ya no.&lt;br /&gt;Apreté el gatillo al tiempo que apretaba la mandíbula. Estaba completamente seguro de no pasar de esa ronda. El ángel de la buena suerte lejos de mi, perdido y desesperado en algún extraño paraje sin fronteras.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Click&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Fue casi una desilusión. Permanecí sentado en la misma silla, con los ojos fríos, mirando el asombro en la cara de mis amigos. No sonreí cuando estallaron en gritos y carcajadas. Casi parecían felices. El rata me miraba con la boca abierta y en sus ojitos brillantes se leía una palabra: admiración. Casi me hace vomitar. De la falsa alegría de mis amigos no me importaba nada. Una tristeza enorme fue ocupando el lugar de mi ansiedad, como convencida del derecho a sentarse en el trono de mis sentimientos.&lt;br /&gt;La idea de salir a caminar había dejado de interesarme.&lt;br /&gt;Nico me palmeó la espalda y me dió un sonoro beso en la mejilla.&lt;br /&gt;--- Te debo una botella de Vodka, loco ---&lt;br /&gt;--- Más te vale, so cabrón ---&lt;br /&gt;Dreamhead me arrebató el revólver de las manos y apagó la tuca contra el cenicero atiborrado de colillas.&lt;br /&gt;--- Cuantas vueltas hace que salió Ana? ---Preguntó señalando con la cabeza el cuerpo despatarrado en un charco de sangre que descansaba en la alfombra.&lt;br /&gt;--- No sé, cuatro, cinco vueltas ---&lt;br /&gt;--- Me debía plata --- Dijo Jao. Y ésta vez todos nos largamos a reír, incluso el fantasma.&lt;br /&gt;Dreamhead eligió su carta. La justicia.&lt;br /&gt;Sacó cinco balas del tambor y se mordisqueó los labios. Hacía algún tiempo que la idea de volver a conseguir heroína le martillaba los nervios.&lt;br /&gt;---Ésta va por ustedes --- Susurró mientras cerraba sus grandes ojos grises.&lt;br /&gt;El disparo sonó como un estampido en la habitación. Dreamhead se desplomó contra la mesa como una marioneta sin dueño, volcando en su caída las botellas y los vasos de vino que se derramaron sobre el mantel y se mezclaron con la sangre, los grumos de sesos y los fragmentos de cráneo. Me quedé mirando mi remera nueva de los Misfits que ahora estaba salpicada de sangre y me pregunté si no me convendría lavarla rápido.&lt;br /&gt;Creo que fue Ceci la que se largó a llorar. La situación se me tornó un poco confusa mientras ayudaba a Jao a arrastrar el cuerpo hasta el otro cuarto.&lt;br /&gt;Jao me miraba de un modo raro, hasta me pareció ver lágrimas bajando por sus mejillas.&lt;br /&gt;---Nadie nos dijo como termina esto…es como si…es como si no pudiéramos parar ---&lt;br /&gt;Jao me recordaba a alguien, era como un viejo sueño en que los personajes aparecían con los nombres cambiados…¿O era un actor de alguna vieja película de vaqueros? Por más que me esforzaba no podía descubrirlo.&lt;br /&gt;Le sonreí un poco extrañado de ponerme a pensar en esas cosas ahora.&lt;br /&gt;---Esto no termina viejo, esto sigue y sigue y sigue ---&lt;br /&gt;Cuando volvimos al living los demás estaban jugando a hacer fondo blanco con unas botellas de licor de menta que habían encontrado en la cocina.&lt;br /&gt;En la pantalla muda del televisor un ejército de hormigas tropicales devoraba enloquecidamente a una mariposa moribunda.&lt;br /&gt;Marina eligió su carta sin quitar los ojos del fantasma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-114710845755638399?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/114710845755638399/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=114710845755638399&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710845755638399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710845755638399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2006/05/relatos-de-la-espiral-descendente.html' title='Relatos de la espiral descendente'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-114710786588695748</id><published>2006-05-08T10:02:00.000-07:00</published><updated>2006-05-16T09:34:15.500-07:00</updated><title type='text'>Relatos de los seres eternos</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/sinwardgrowth.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/sinwardgrowth.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/sinwardgrowth.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Los que no pretenden&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fugitiva, elíptica, fantasma&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ella impregna,&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ella fantasma.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche abierta por costumbre. La noche atravesada por una llovizna débil que golpea en la ventana y más allá el silencio de las horas que avanzan y se devoran a si mismas.&lt;br /&gt;Y Marlene y yo en la misma cama.&lt;br /&gt;Cuando ella no duerme, suele arrancarme del sueño suavemente hacia su cuerpo. Me recobra con caricias y palabras húmedas que reptan por el lóbulo y se introducen en mis oídos para pronunciar allí su criptograma azul. Me despierto a medias y sonrío, accedo al juego sin hablar, con los cristales del sueño girando todavía como una bandada de pájaros que huyen. Mis manos practican una señal mecánica sobre mis ojos y los de Marlene, un ligero impulso, invocando sortilegios al azar para espantar a los oscuros, esos extraños seres que durante tanto tiempo nos han perseguido y acechado. Sin embargo, lejos ya de temerles, despierto con la conciencia de haber obrado en nosotros el secreto que los alejaría para siempre. Acaricio la idea de que el instante de toda eternidad es el presente y que el silencio que subyace es obra de un tiempo que ha perdido poder sobre nuestras almas, que ya no habrá respuestas al tiempo impuesto por Dios, porque ya no habrá ningún Dios, y porque ya no habrá siquiera cenizas y polvo.&lt;br /&gt;Pero es una idea que pareciera brotar desde el interior de mis huesos y no de mi mente, y la sensación no es agradable.&lt;br /&gt;Marlene me reclama. Entonces procuro que mi atención gire hacia ella.&lt;br /&gt;Marlene y yo somos dos cuerpos enlazados en el espacio tibio de la cama y la oscuridad es un párpado que nos cubre, nos reduce a sentidos más sutiles y primordiales, nos hace representar el papel de dos ciegos que se buscan con las manos para reconocerse, como si nuestras manos buscasen algo indescifrable más allá del tacto y el placer.&lt;br /&gt;Y mientras tanto la noche desgajándose y chorreando en coágulos sobre el mundo. Marlene gimiendo en mi boca, los labios entreabiertos, expectantes, lascivos. Yo besándola, hundiéndome en ella, los barcos de mis manos a la deriva por su cuerpo ondulante, su cuerpo que corre en trance y busca contraerse y arquearse en felina determinación bajo mi miembro tenso.&lt;br /&gt;Llegar al orgasmo como a la última estación de un viaje, el camino directo hacia una tierra que nos espera con ansias de revelación. Y luego la oscuridad adquiere otro contexto, pierde solidez, es una marea que nos arrastra aguas adentro. Y lo que se vislumbraba va desapareciendo poco a poco en intermitencias y espejismos.&lt;br /&gt;Marlene suspira y me muerde el hombro con tristeza. El mismo ritual de muerte y resurrección de su deseo, y yo como centro de su culto al hastío y sus esperanzas estériles.&lt;br /&gt;No soy culpable de lo que ella siente. Soy culpable por no medir las consecuencias de un acto irremediable. Eso es todo. Culpable de habernos convertido en dos monstruos que no podrán encontrar jamás ciertas respuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha pasado media hora, o una hora y media. ¿Que importa? Ahora se han invertido los papeles. Marlene duerme. Marlene ha llorado y duerme.&lt;br /&gt;Afuera llueve y todavía es de noche. Mi espíritu parece el de un animal alerta, los sentidos abiertos al más mínimo detalle. Es un juego conocido. Si afino el oído puedo escuchar el sonido de cada gota estrellándose contra el tejado de la casa, y más allá, también puedo escuchar ese sonido sobre la hierba crecida del jardín, sobre las hojas de los sauces, sobre el oscuro pavimento de las calles desiertas. Escucho la lluvia que ha traído la noche, estableciendo patrones melódicos de una complejidad salvaje y exquisita, y me dejo llevar como un recién nacido ante los primeros arrullos de una madre. Escucho la canción de cuna de la lluvia y me hago un ovillo en el borde de la vieja cama que cruje y se queja de cansancio. Cierro los ojos y por un momento soy también parte de la lluvia, me precipito desde las nubes revueltas y me fragmento en un millón de minúsculas prismas que caen y se entrecruzan a merced del viento enfurecido. Soy también la lluvia, esparcido por debajo de la tormenta en un enjambre de gotas delgadas como agujas. Por un momento, al igual que la lluvia, doy mi ofrenda y me debilito lentamente. Voy hundiéndome absorbido por la tierra, impregnándolo todo en ozono y sombra, en húmedos resplandores fantasmagóricos que danzan y se volatilizan, y dejo así mi huella en el vientre de la tierra, una huella efímera que el ojo humano registra y olvida como parte del ritual natural de los acontecimientos.&lt;br /&gt;Después, el ensueño me deja atrás de la misma manera en que la tormenta se aleja penetrando en el horizonte lastimado. Y entonces me reconcilio con mi antiguo cuerpo, vuelvo a él como un viajero de largas leguas regresaría a su hogar, sintiéndolo a la vez, íntimo y ajeno. Ahí está mi viejo cuerpo, y yo me uno a él. Somos de nuevo un solo ente, un ser fatigado de tanto observar el ciclo de las noches y los días, un ser que ha vivido más años de los que podría recordar, un ser que ha visto y oído demasiadas cosas.&lt;br /&gt;Me levanto y me acerco a la ventana, respiro el aire limpio y observo algo más que el paisaje conocido, mis ojos ven hacia atrás. Pienso en el pasado. El pasado…¿Qué clase de criatura podría permanecer de pie mientras sus ojos observan generaciones enteras precipitándose lentamente hacia la oscuridad?&lt;br /&gt;Podría parecer gracioso; el reloj gigantesco del cielo, el sol y la luna como sus agujas, girando enloquecidas a través de las décadas humanas.&lt;br /&gt;Esta noche es igual a la de hace ciento treinta años, igual a esa última noche en que Marlene y yo... pero no. Debería olvidarlo de una vez por todas.&lt;br /&gt;La navaja bailotea entre mis dedos y su contacto se siente frío como una piel de serpiente.&lt;br /&gt;Me dirijo de nuevo hacia la cama y contemplo el rostro de la mujer dormida.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Para siempre”&lt;/em&gt; me digo, y noto que mis labios tiemblan.&lt;br /&gt;Procurando hacer silencio, escondo el rostro entre mis manos y me pongo a llorar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-114710786588695748?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/114710786588695748/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=114710786588695748&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710786588695748'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710786588695748'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2006/05/relatos-de-los-seres-eternos.html' title='Relatos de los seres eternos'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-114710767667165072</id><published>2006-05-08T09:57:00.000-07:00</published><updated>2006-05-08T10:01:16.683-07:00</updated><title type='text'>El hombre de hojalata</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/spawn_tpb_cover_009_cl1.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/spawn_tpb_cover_009_cl1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;strong&gt;1. Cabeza que sueña.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinicius despertó cerca de mediodía confundido y perplejo a causa de un mal presentimiento. Sus ojos buscaron erráticos en la penumbra de la habitación hasta que el recuerdo de la noche anterior se despegó de las imágenes que había soñado. Un escalofrío recorrió su espalda como un ciempiés frenético.Habían sido pesadillas. Y de las buenas. De esas que uno desea que se esfumen lo más pronto posible. Se llevó una mano a la frente y se enjugó el sudor pensando que ciertos sueños deberían volverse insustanciales con los ojos abiertos. Pero aún así la última escena todavía se mantenía flotando, el espejo ondulante de un país sombrío, la persecución en cámara lenta, y después, de repente algo que era todo uñas y dientes le había saltado encima y lo había devorado salvajemente.Se levantó del viejo sofá destartalado y apoyó el pie descalzo en un charco de vómito seco. La ginebra de mierda y sus souvenires, se le ocurrió que debería cambiar de hábitos en un tiempo prudencialmente corto. Entre puteadas, se las arregló para contorsionar su cuerpo dolorido y rescatar el paquete de cigarrillos de abajo del sofá. No podía calcular cuando había sido la última vez que había dormido una noche entera sin sobresaltos, sin despertarse sofocado por un grito, con el corazón desbocado y la mente convertida en una cacofonía de voces.Fumó con la vista fija en las ventanas cerradas, tapiadas desde adentro para impedir que entrara la luz del sol.Afuera, una estridencia de pájaros comenzaba a ponerlo de mal humor. Esos bichos de mierda parecían haber elegido el nogal de la entrada para ensayar su repertorio. A Vinicius le dieron ganas de salir a espantarlos a los gritos, pero le pareció una idea ridícula. Solo era un dolor de cabeza, una consecuencia de la resaca, nada más que eso. Hacia el oeste se escuchaban lejanos ladridos que de tanto en tanto eran contestados por el estruendoso vozarrón de Groucho, el San Bernardo grandulón y estúpido de su vecino.Vinicius suspiró, imaginó el día brillante y caluroso que lo esperaría afuera en el caso de que se decidiera a salir, pensó en la luz blanca derritiéndose sobre las calles y las casas, la claridad hostil acechando sus torpes movimientos de fotofóbico. De pronto se sintió fatigado y el pensamiento recurrente se le pegó sin darle tiempo a rechazarlo. Al final, a pesar de si mismo, se había convertido en el adicto patético que su padre le había pronosticado años atrás. Una persona débil y sin voluntad, hamacándose siempre entre la tristeza y la autocompasión. Cada vez que caía en la cuenta del irremediable ser en que se había convertido se preguntaba por que había renunciado tan pronto al coraje de acabar con su vida. En el momento de elegir (cuando ignoraba que más adelante las decisiones serían cada vez más fugaces e inalcanzables) había creído en un desenlace diferente, un destino cargado de segundas oportunidades y ensoñaciones de compensación y confort. Bueno, era bastante gracioso; en las escasas encrucijadas drásticas de una vida, los idiotas solían apostar su alma al diablo a cambio de gloria y poder, y eso al menos tenía cierto sentido. Pero él ni siquiera había apostado, simplemente se había puesto a especular con la idea de hacerlo, hasta que fue tarde y el gran crupier cósmico dijo “no va más”.Vinicius escupió en el piso mugriento y tosió una tos de perro. La habitación era un desastre. Le hubiera gustado recordar que había pasado entre esas cuatro paredes anoche, pero le dolía tanto la cabeza que cualquier esfuerzo por hacerlo le provocada puntadas en las sienes. Sabía que alguien había estado con él, alguien que se le antojaba conocido, un viejo amigo tal vez, pero quien?. Las caras se sucedían en su memoria sin que lograra identificarlas. Casi siempre se tornaban borrosas a las pocas horas de partir.Se conformó con restarle importancia. Al carajo con la gente. Al carajo con los amigos. Al carajo con todo. El significado de los acontecimientos era una cuestión de valores asignados. Y había cosas en el mundo -determinadas y maravillosas cosas- que valían más que el mundo mismo. Estaba seguro.Abrió el segundo cajón de una bamboleante mesita de luz en donde hacían equilibrio varias botellas y su rostro se iluminó.Ahí estaba la respuesta.Sostuvo la ampolla entre sus dedos y la observó a contraluz como si fuese el secreto mismo de la felicidad. De hecho había sido un período de espera insoportablemente largo ésta vez.Vinicius sonrió.La mezcla que sostenía en la mano era la llave que lo trasportaría al otro lado del infierno. No al infierno de desesperación y angustia de su realidad personal, sino al infierno dulce, al infierno-paraíso, donde todo el sufrimiento de la tierra no era más que un minúsculo latido subterráneo.Muchas veces había sido parte de aquel mundo paralelo, de aquel vacío blanco y cegador que lo envolvía como una gigantesca sábana. Generalmente no podía determinar si era él quien flotaba despojado de la materia en el inconmensurable paisaje blanco, o si era poseído por alguna entidad desconocida, algo así como un ángel protector que le arrojaba las sobras de aquellas soberbias sensaciones. Una vez había querido trasmitírselo a un amigo y se había frustrado en un laberinto de metáforas y ademanes de orador psicótico. Porque, ¿cómo se le explicaba a alguien lo que significaba ser un ente incorpóreo?¿Cómo se le hacía entender a un ateo la escencia de un milagro?. El privilegio de ser elevado a un estado de pureza que alcanzaba niveles superiores a lo humano. Pero a Vinicius le había llevado tiempo darse cuenta de que sus experiencias eran intransferibles. A veces tenía la necesidad de contarlo, por más que no lograra expresarlo dignamente. Había emergido en otros mundos y llevaba sus marcas, los colores y las formas surgiendo en oleadas tan cautivadoras y cargados de un misticismo tan profundo que no podía desprenderse de ellos ni siquiera cerrando los ojos, ni siquiera arrancándoselos. Era como si se filtraran a través de sus párpados y le hicieran cosquillas en los rincones más oscuros de su espíritu. Entonces era cierto, a fin de cuentas, algunos sueños no podían ser explicados. Y en cuanto a la otra cara de la moneda; por supuesto que conocía el infierno. Se habría cortado el brazo derecho sólo para permanecer ahí el mayor tiempo posible.Vinicius volvió al sofá y escarbó detrás de los almohadones hasta que encontró la hipodérmica. Acto seguido escupió en el piso, lamió la aguja y se perforó una vena cubierta de llagas. Ni siquiera se tomó la molestia de hacerse un torniquete en el brazo. Empujó el émbolo de la jeringa como si de eso dependiera la continuidad del universo.El fluído se precipitó por dentro como una jauría enloquecida. Sintió las llamas ardiendo en su sangre, el parpadeo veloz de su mente en repulsiva aceptación, las imágenes huyendo en pedazos como si la realidad fuese un espejo quebrado dejando ver entre sus grietas una nueva versión de la historia. Sintió su corazón convertido en un tambor demente, retumbando en sus oídos como cañonazos, hasta que cada latido fue tan ensordecedor que no pudo soportarlo.Después ya no fueron sensaciones humanas.Vinicius abandonó la tierra acurrucado en un rincón mugroso de su habitación. Durante ese instante de agonía, el dolor fue inmenso y sus ojos permanecieron abiertos como platos. Un hilo de saliva cayó desde sus labios temblorosos formando un charco en el piso de madera. Antes de desaparecer para siempre, un último pensamiento cobró forma en el espacio colapsado de su mente:¡Bierce! Bierce había estado anoche contándole otra de sus historias enroscadas. Bierce y toda su esquizofrenia a cuestas, Bierce y sus extravagantes &lt;a href="http://lascondicionesdebierce.blogspot.com/"&gt;condiciones&lt;/a&gt;. Y después, una vez aceptado el trato, el hijo de puta había torcido la cara en una de sus típicas sonrisas de tiburón antes de asegurarle que esa heroína era lo mejor de este mundo y el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2. Limbo y pasadizo.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vinicius cayendo en la espiral....Sin el don de la palabra. Una simple acumulación de datos y estímulos. Sin conciencia del cuando ni del donde. Chispas de rojo encendido como pequeñas estrellas girando y arremolinándose sobre un fondo negro.Vinicius caía, y en el medio del caos y la confusión había algo que limitaba a duras penas con un estado de lucidez palpable. Un parpadeo débil que se propagaba despacio pero inexorablemente, envolviéndolo todo en abstracciones de luz y oscuridad.Tiempo?La oscuridad-luz transformándose en tiempo?No lo supo bien, pero de alguna vaga manera acarició la certeza de que el verdadero concepto del Gran Dios/Cosmos giraba en torno a la palabra tiempo.Retuvo una visión confusa y quebradiza de dos columnas de niebla y fuego entrelazándose en espiral hacia la nada. Una espiral que era inmensa y lo abarcaba todo. Una espiral que era el pasado y el futuro uniéndose en la intersección de su conciencia.Vinicius estaba en la espiral. Y dentro de esa tromba comenzaron a llegarle sensaciones que poco a poco fueron traduciéndose como si fuera un alfabeto Braile.Entendió que no estaba solo. Paradójicamente, él estaba dentro de la espiral y la espiral estaba dentro suyo, en una comunión íntima de dimensiones inabarcables. Vinicius podía sentir la presencia de otros, de millones, de infinitos otros dentro y fuera de su ingrávido ser.No era fácil de precisar. Un hormigueo eléctrico que era al mismo tiempo tranquilizador e inquietante. Los otros estaban tratando de comunicarse, diminutos estímulos le decían que había algo importante que comprender. Hablaban por medio de un lenguaje antiguo y primitivo, como el lenguaje de la sangre de un instinto animal. Era también la voz de constelaciones ancestrales. La voz salitrosa de todos los océanos de todos los mundos. La voz de civilizaciones que habían sido olvidadas por otras civilizaciones también olvidadas.La voz lo estaba invitando a unirse.La voz lo llamaba.Vinicius se sintió en éxtasis. Palpó la eternidad como si fuera un átomo dentro de una madeja de vitalidad y significado. Arrastrado por una marea colosal, se dejó llevar sin oponer resistencia.Acercándose.Acercándose.Y entonces sucedió algo espantoso.La marea que lo llevaba cambió de dirección y se encrespó. La voz se convirtió en un sonido menguante, un silbido que se enroscó en si mismo hasta extinguirse por completo, dejando en su lugar un vacío que era el súmun de todas las aberraciones.Vinicius no pudo gritar.La espiral lo rechazó y lo escupió hacia una oscuridad cargada de pesadillas.Y esta vez la caída fue vertiginosa.Tal vez fueron fracciones de segundo o tal vez fueron miles de años, pero Vinicius se retorció como una larva a lo largo de todo el descenso.Hasta que la oscuridad dio paso al entendimiento. Y la inconsistencia se convirtió de nuevo en carne. Al principio sus sentidos se negaron a aceptarlo.Entonces el alarido surgió como un borbotón de horror negro y espeso.Vinicius había llegado a un lugar sin nombre.Vinicius había llegado a un lugar que superaba todo lo que había creído que un infierno le podía ofrecer a su huésped.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-114710767667165072?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/114710767667165072/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=114710767667165072&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710767667165072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710767667165072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2006/05/el-hombre-de-hojalata.html' title='El hombre de hojalata'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-114710737663308465</id><published>2006-05-08T09:53:00.000-07:00</published><updated>2006-05-08T09:56:16.640-07:00</updated><title type='text'>Historia de un monstruo</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/mommy"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/400/mommy%27s%20little%20monsters.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo era un monstruo. Si, como oyen, un monstruo. Antes de los veinte años ya había perpetrado todos los delitos conocidos por el hombre. Un largo prontuario que era el mismísimo abc del crimen, desde la falsificación de moneda y el desfalco hasta la pedofilia, pasando por diversas etapas acordes a mi crecimiento. De hecho, creo haber inventado dos o tres delitos nuevos, pero no estoy seguro, por ésos días la competencia era tan feroz que uno nunca sabía. Volviendo al tema, yo era un monstruo y aunque en la mayoría de los lugares se me conocía con el apodo de “Teno” ( por una absurda broma de preescolar en la que había querido emular a los verdugos de Tenochtitlán y en la que, accidentalmente, había muerto la mascota del colegio) en mi fuero interno sabía que ningún apodo lograría definir mi monstruosa identidad. Tranquilamente podría haber fundado una escuela para jóvenes con vocación de monstruo, y supongo que si no lo hice fue porque estaba ocupado cometiendo nuevas crueldades y atropellos.Uno de mis últimos chistes había resultado una obra de arte, si se me permite decirlo. La oportunidad me había caído del cielo y yo la había aprovechado, usando todas las herramientas que tenía a disposición para plasmar mi firma.Sucedió que una tranquila tarde me encontraba distraído en una esquina de Buenos Aires, decidiendo que hacer, realmente no sabía si dejar los explosivos en la puerta del kindergarden o del geriátrico. Estaba a punto de prender un cigarrillo cuando alguien me llevó por delante. Arrancado de mis cavilaciones, me di vuelta con serias intenciones de atacar, y para mi regocijo, pude apreciar que se trataba de una decrépita monja. Mi corazón se aceleró ante las infinitas perspectivas de acción que me brindaba la suerte, pero me contuve.--- Disculpe, joven---. Me dijo la vieja sucia. --- ¿Sería tan amable de ayudarme a cruzar la avenida?. Es que no ando bien de la vista y tengo miedo de confundirme con los semáforos ------ No hay ningún problema hermana, faltaba más --- Le respondí, y tomándola fuertemente del brazo la arrastré hacia la calle con una sonrisa de oreja a oreja.Mis cálculos fueron exactos, íbamos a mitad de trayecto cuando cambió el semáforo y los autos se precipitaron en estampida hacia nosotros. Delirante de felicidad le metí un atroz codazo entre las costillas y me alejé corriendo hacia la otra esquina.--- ¡Morite vieja de mierda! --- Le grité.Casi en el mismo instante en que apoyaba un pie en el cordón escuché un bocinazo seguido de un tremendo golpe. Giré la cabeza a tiempo para ver el cuerpo de la monja volando por el aire como una muñeca de trapo. La vieja momia describió un arco perfecto y desapareció por la entrada del subte.Después de eso, metí las manos en los bolsillos y me fui silbando la novena de Beethoven con total impunidad, lejos del caos de corridas y gritos de los peatones que acababan de presenciar el espectáculo.Muy bonito ¿verdad?Bonitísimo.Mi historia bien podría terminar aquí y no estaría esquivando el título para nada. Pero faltaría a la verdad si no cuento la otraparte, la parte escabrosa.La cuestión es que si bien en ese momento la anécdota de la monja me pareció digna de mi prontuario, con el tiempo llegué a la amarga conclusión de nada de lo que hiciera superaría aquella hazaña.Me obsesioné tratando de romper la marca y cometí toda clase de abusos, pero creo que nunca superé el promedio. Me había entrado el síndrome de Carter, que después de descubrir la tumba de Tutank amon se había dejado vencer por la idea de que no había nada nuevo en el horizonte. Era horrible, la angustia se había apoderado de mí, recorría la ciudad en busca de emociones pero no lograba sacarme a la monja de la cabeza. Lentamente fui cayendo en un pozo depresivo, por las noches soñaba que Buenos Aires estaba llena de monjitas ciegas que me rogaban ayuda para cruzar las calles, pero en las calles no había tráfico, no había un maldito auto en toda la ciudad!.Me despertaba bañado en sudor, con un nudo en la garganta y la firme convicción de acabar con mi sufrimiento, pero cuanto más pensaba en volarme los sesos más cobarde y miserable me sentía. Fue así como caí en las garras del alcohol, me pasaba las tardes bebiendo y lamentándome en soledad, me repetía que ya llegarían otras monjas a mi vida, engañándome con ensoñaciones patéticas que solo conseguían frustrarme hasta las lágrimas. En medio de aquel trance no tardé en probar diferentes drogas para llenar el vacío en mi interior, y no voy a negar que alguna veces me sentí estupendo, como la vez en que bajo los efectos del ácido lisérgico prendí fuego a ese pobre linyera creyendo que se trataba de un muñeco de paja. Ese pasajero frenesí de alaridos me hizo creer que estaba curado, y por un momento me convencí de que así era. No obstante cuando los efectos de la droga se esfumaron me encontré con un asqueroso amasijo de carne tirándome del pantalón, un montón de carne chamuscada que imploraba ayuda. En ese momento recordé a la monja, y enfurecido por mi propia sensibilidad, me desquité a puntapiés contra el bulto agonizante.Pasaron los días. Mi vida se fue trasformando en un infierno sin nombre. Sufría alucinaciones en las que monjas voladoras y demonios eclesiásticos me acosaban. Recuerdo un alucinación en especial en la cual mantenía relaciones sexuales con la novicia rebelde, y en las más perversas posiciones. Luego de un parpadeo descubrí que “la novicia” se trataba de una repugnante anciana. Imagínense ustedes mi asco. Por supuesto que le aplasté la cabeza contra la pared y después vomité largo y tendido.Estaba alienado. Las drogas me llevaron a las situaciones más denigrantes que pueda atravesar una persona. Me cuesta aceptar que en ese traumático período me dediqué a prostituir mi carne por las calles de Constitución en busca de dinero para el vicio.Ese es el fin de mi historia. Y digo que ese es el fin de mi historia porque esa historia pertenece al pasado hermanos. Porque si el Señor Jesús, y digo gloria, amén, si el Señor Jesús arrojó mis pecados como una piedra al fondo del mar, quién es entonces el hombre para reprochármelos?. Quiero que crean en mi testimonio y que les sirva de ejemplo, todos ustedes saben que desde que vengo al templo y escucho las palabras del Pastor Ignacio aquí presente, mi vida ha dado un giro de ciento ochenta grados. Ahora sé que tengo una verdadera misión en este mundo y estoy dispuesto a expiar mis actos por medio de la oración y la fe. Alabado sea el Salvador. Gloria a Dios, hermanos.El pastor se acercó hasta mí con lágrimas en los ojos. Evidentemente mi relato lo había conmovido. Como quién da por ganador a un boxeador tomó mi mano y la levantó a los cielos. Juntos encaramos a la multitud enfervorizada.---Las palabras del hermano Teno hablan por si mismas! ---. Gritó con entusiasmo.&lt;br /&gt;--- ¡Aleluya, Aleluya y gloria a Dios! ---.&lt;br /&gt;--- ¡Aleluyyyya. Aleluyyyya! ---. Contestó la multitud.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-114710737663308465?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/114710737663308465/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=114710737663308465&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710737663308465'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710737663308465'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2006/05/historia-de-un-monstruo.html' title='Historia de un monstruo'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-27758345.post-114710697253035601</id><published>2006-05-08T09:45:00.000-07:00</published><updated>2006-05-08T09:51:11.693-07:00</updated><title type='text'>Relatos de las almas perdidas</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/wicca~reddishwoman.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/wicca~reddishwoman.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6066/1214/1600/wicca~reddishwoman.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los alcohólicos&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fresa baja la cabeza y observa fijamente sus zapatillas llenas de barro. Frunce la nariz como quien ha olfateado algo desconocido y tratase de decidir si le resulta desagradable o no. Tiene una expresión de concentración que parece exagerada para una chica de su edad. En realidad tiene 23 años, pero cuando arruga la frente de ese modo pareciera no tener edad.Hace rato que el sol la ha descubierto sentada en su miserable escondite ( apenas un banco de madera en una esquina de una plaza ) y desde entonces no ha dejado de hostigarla, pero Fresa considera que su obstinación, la única herencia palpable que le dejó su madre, es mayor que su sensibilidad y sentido común y por lo tanto ha decidido permanecer sentada al rayo de sol hasta que se le antoje.Al cabo de tres horas está perfectamente insolada. No sabe que son las dos y cuarenta y siete de la tarde y que no ha comido desde hace varios días, como tampoco sabe que si lo supiera le importaría un carajo. Aislada de a ratos del mundo circundante, acaricia pensamientos que podrían acercarla a un estado de espiritualidad más elevado, pero enseguida los hace de lado restándoles valor. Nunca le dijo a nadie que se ve a si misma como una perra egoísta y desdeñosa.Prefiere preguntarse de donde ha sacado esa fea costumbre de retorcerse las manos, se lo pregunta dos, tres veces. De donde saqué ésta puta manía?...un trago, otro trago, otro más, otro, un río, un océano....De donde?.Otro trago, otro trago...En el fondo no quiere ponerse a pensar detenidamente en el tema, quizá porque conoce la respuesta y sabe que cada vez que piensa en la ansiedad es como si la invocara (infalible, capaz de atravesar el vidrio para acudir a destrozar la presa, lo mismo cortarse las venas o llamar a Mister Toc-Toc , esa bestia perruna siempre atenta)Su ansiedad es de un color violeta intenso, un color Lovecraft de amaneceres rotos, es la pelota de hojitas de afeitar, el payaso que se desata como tinta en sus aguas mentales, un color que sabe lastimarla y que siempre deja un eco, un nerviosismo punzante entre las sienes que se parece mucho a un preludio de tormenta.Cuando no hay alcohol en la garganta Fresa alimenta palomas en plaza Congreso en medio de un sol de verano con terribles ojeras y la mente danzando en cualquier otro lugar. Pero hoy si hay alcohol, por lo tanto Fresa ignora muchas cosas.Decide no pensar tampoco en éstas tonterías y empina su botella de licor de cuatro pesos con cincuenta.A lo lejos, la ciudad se desdibuja. Pasan autos zumbando como insectos fabulosos. En una esquina le hago señas a un sesenta, me siento en el fondo y me sumerjo en mi walk-man para ver en cámara lenta. Mis dientes se chocan y noto que otra vez tengo la mandíbula tensa.Por un momento siento esa amarga sensación. Donde estás?. Donde estás?Algo trepa por mi pecho, es como un puño que sube en forma de gemido y se convierte en llanto. Un borbotón de súbita vergüenza en la mitad del día. La gente me mira como si hubiera perdido el juicio. Me miro las manos, no puedo evitar que tiemblen como las de un anciano.El día se ha vuelto blanco, blanco, blanco.Un trago, otro trago, un río, un océano...Nunca la había soñado tan lejana, y sin querer, la fui deshaciendo en jirones al imaginarla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/27758345-114710697253035601?l=seressinremedio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seressinremedio.blogspot.com/feeds/114710697253035601/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=27758345&amp;postID=114710697253035601&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710697253035601'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/27758345/posts/default/114710697253035601'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seressinremedio.blogspot.com/2006/05/relatos-de-las-almas-perdidas.html' title='Relatos de las almas perdidas'/><author><name>Ariel S.Tenorio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12081729908615804074</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://img.photobucket.com/albums/v479/stuckpig/LEATHERFACE.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
